Qu’ils s’en aillent tous! (II)

Interpelación

Damián Antúnez Harboure 

Fotograma del film Memoria del Saqueo

La miro, me mira… nos miramos, aunque lo hacemos desde planos y períodos históricos distintos. Aquella nena, una nadie, diría Galeano, una sin nadie, se me ocurre, mira con esos profundos ojos negros y en plena crisis argentina de 2001 a ese fotógrafo que la retrata para la posteridad. Así, en una suerte de interpelación, uno parece imaginarse lo que está pensando en ese preciso instante: “-che, ¿qué me mirás?” La pregunta no es banal, como tampoco lo son las respuestas. La miro y me mira. Se trata de una niña que apenas rondará los 5 años, sentada en el suelo, descalza y a punto de comer un plato de sopa. Digo a punto porque la cuchara aún no ha tocado la comida, está tan limpia como su alma, como su inocencia. Claro, una limpieza que se empeña en contrastar, por ejemplo, el  nombre de uno de los comedores sociales más populares de aquella época, pienso en Los Carasucias de Mónica Carranza. Y cuando pienso en los carasucias me interpelan también una pléyade de sin nadies como si éstos revelaran el terror de encontrarse entre Escila y Caribdis. Enfrente, otro pie infantil que imagino corresponde a otro niño también sin nombre, a punto de llevarse un plato de comida a la boca.

Fueron tiempos difíciles para la Argentina, de profunda y aguda crisis económica. Fueron tiempos de desnudez, de desamparo, de injusticia social. El pueblo argentino en su inmensa mayoría sufrió los estragos de una crisis fabricada por unos gobiernos empeñados en seguir ciegamente las directrices del FMI y sus propuestas de Planes de Ajustes Estructurales, cual dogmas maléficos y maliciosos. Y sucedió entonces que la res política perdió el rumbo, se escindió del pueblo y se subordinó a los mandatos de la res económica, para dejarnos entrampados en el lodo de la desnutrición infantil, el hambre, el desempleo, el descalabro institucional y el enriquecimiento de unos pocos. La fractura social se convirtió en la marca identitaria de un país saqueado, la desesperanza se apoderó de nuestras almas y la pobreza se hizo carne entre nosotros. Tomó el rostro del vecino, del amigo, del compañero, del abuelo, de la madre, del desocupado,… Y al final nos llegó a todos, aunque no, claro está, a los siempre.

Pero los nadies siempre soñamos con salir de pobres y que algún mágico día llame a nuestra puerta la buena suerte y nos encuentre en casa… Será por eso que las esperanzas nunca mueren, como tampoco murieron las del pueblo argentino. Sólo una cosa más. Aunque una década más tarde esta nena quizás haya dejado de ser una de esas tantas nadies de aquellas tristes jornadas, aún hoy en día no ha cesado el relevo. Digámoslo alto y claro: no podremos dormir en paz hasta que el último nadie deje de serlo y no exista quien ocupe su lugar.

 
Nota: La fotografía es un fotograma extraído de la película Memoria del saqueo del director argentino Fernando E. “Pino” Solanas.
Anuncios
Esta entrada fue publicada en Argentina Contemporánea, Inicio, La imagen en la historia y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s