Verano Azul

Verano Azul

Damián Antúnez Harboure

Mensaje dirigido al país por el Primer Magistrado, Teniente General Juan D. Perón, desde la Residencia Presidencial de Olivos.

Discurso de Perón, Buenos Aires, 20/1/1974.

Tampoco desde nuestro Movimiento hemos querido producir un enfrentamiento, desde que anhelamos la paz y propendemos a la unión y solidaridad de todos los argentinos, hoy ocupados en la Reconstrucción y Liberación Nacional. Pero todo tiene su límite. Tolerar por más tiempo hechos como los ocurridos en Azul, donde se ataca una institución nacional con los más aleves procedimientos, está demostrando palmariamente que estamos en presencia de verdaderos enemigos de la Patria, organizados para luchar en fuerza contra el Estado, al que a la vez infiltran con aviesos fines insurreccionales.[1]
 

El impacto político del ataque guerrillero perpetrado por el ERP entre la noche del sábado 19 y la madrugada del domingo 20 de enero de 1974 bien podría llevarnos a hablar de un Verano Azul avant la lettre, aunque más no sea porque aquel sintagma se impone con derecho propio en ese enero del ’74. Se trata en rigor de verdad de un Verano Azul que apenas osa apropiarse del significante de aquella serie televisiva española que saldría a la luz pública unos ocho años más tarde. Naturalmente uno y otro designan escenarios que no comparten más que aquello tan básico que da sentido al estío: todo ese conjunto sensorial producto de una climatología que clama al sofoco. Pero aún así también es cierto que los sofocos de una y otra situación, la cruda realidad política bonaerense del ’74 y la bucólica ficción malagueña del ’82, remiten a unos determinantes tan disímiles o dispares como aquello que separa la realidad de la ficción o las pasiones y deseos del despertar juvenil de la sempiterna lucha por el poder que nutre a la vida política de nuestros pueblos.

El calor bonaerense de ese enero del ’74 no encaja siquiera en ese otro enero, pero de 1982, cuando tenían lugar las primeras emisiones de la teleserie española que daba rienda suelta a la efervescencia adolescente de esa pandilla de chavales -Bea, Tito, Piraña, Javi…- que buscaban el consejo y la serena amistad de un viejo lobo de mar, el legendario Chanquete. En definitiva, otros tiempos y otros horizontes. La democracia española parecía haber superado la gran prueba iniciática de supervivencia del Tejerazo o 23-F. Por el contrario, nuestro Verano Azul pampeano más bien parecía querer revelarnos lo contrario, el comienzo de una debacle institucional que en poco más de dos años se cobraría la vida misma de nuestra también incipiente y jaqueada democracia.

La ficción de ese estío boreal del ’82 con esos pueblos malagueños de casitas blancas se me antoja en cierto modo la tierra prometida tras la travesía del desierto entre la dictadura franquista y una muy joven democracia que se debatía entre un “todo por hacer” y un “todo por deshacer”, según cómo se la entendiera. Por otra parte, el verano austral de la cruda vida política argentina de 1974 me proyecta a la primera estación de un vía crucis pero tras el cual cada vez menos argentinos suponían que se hallaría la redención. Tal vez se trataba de un proceso político caprichosamente irredento, no lo sé. Aunque sí sé que ese otro viejo lobo de mar, el general Juan Domingo Perón, que hacía sólo tres meses había asumido la presidencia de una vapuleada República Argentina, se dispuso ya definitivamente a “hacer tronar el escarmiento”.

El Día, La Plata, 21/1/1974, p.6.

El Día, La Plata, 21/1/1974, p.6.

Es cierto que la autoría del fracasado ataque al cuartel militar de Azul había sido inmediatamente asumida por el ERP y no por Montoneros, otrora “jóvenes maravillosos” y en pocos meses más tan sólo unos “estúpidos imberbes”. Pero, para entonces, poco importaban los matices. Con el antecedente del asesinato del secretario general de la CGT José Ignacio Rucci a manos de Montoneros, el 25 de septiembre de 1973, el ataque del ERP, como si de una carambola de billar se tratase, impactaba en las entrañas mismas del gobierno nacional para replicar de inmediato en el corazón de la Tendencia Revolucionaria del Peronismo; en este caso, por la vía del gobierno bonaerense presidido por el Dr. Oscar Raúl Bidegain. Para el presidente Perón aquello no se “…producía por casualidad” en la primera provincia argentina.

Las teorías sobre la “infiltración marxista” en los gobiernos provinciales parecían cobrar una verosimilitud que de allí en más se tornaría en dogma político para el gobierno nacional. Todas las sospechas recaían ahora sobre el gobernador Bidegain; por cierto, azuleño de nacimiento y viejo amigo del general presidente, eximio cirujano clínico, campeón olímpico de tiro con pistola libre y otrora ferviente nacionalista vinculado a la Alianza Libertadora Nacionalista y a la Legión Cívica Argentina. Qué ocurrió para que este peronista-nacionalista de la primera hora conformara un gobierno fuertemente recostado sobre la Tendencia es ya motivo de otro análisis. De momento, retengamos que los sucesos de Azul convertían al gobernador Bidegain en el blanco de todas las sospechas de “infiltración”, lo que tejía una delicada trama que retrocedía el reloj de la política unos tres meses, hasta octubre del año anterior, cuando tuvo lugar el denominado Operativo Dorrego.

¿Cómo se desarrolló entonces la intriga? Según la revista El Descamisado que dirigía Dardo Cabo -uno de los órganos oficiosos de Montoneros- el general Perón habría manifestado que el ataque a la guarnición de Azul “se había gestado durante el transcurso del Operativo Dorrego, como consecuencia de la infiltración que se posibilitó en esa oportunidad”[2]. A buen entendedor, pocas palabras, o mejor dicho, las precisas. Perón responsabilizaba indirectamente de lo sucedido en Azul al gobernador Bidegain y así lo hizo saber en un célebre discurso dirigido a la Nación, pronunciado en la noche del domingo 20 de enero de 1974. Aquel ensayo de trabajo mancomunado entre el gobierno provincial, el Ejército Argentino y la Juventud Peronista de las Regionales para llevar a cabo obras de reconstrucción en infraestructuras básicas dañadas por las fuertes inundaciones que acecharon a la región centro-oeste de la provincia, se convertía ahora en el nudo gordiano de un entramado que Perón se había propuesto deshacer. De hecho, el presidente jamás había hecho suya aquella iniciativa de acercamiento Ejército-JP, aunque tampoco impidiera su realización, dejando a sus impulsores, tal vez, “cocerse en su propia salsa”.

Así, aquella noche del 20 de enero todo hacía suponer que la eliminación de dicho nudo gordino no pasaría por otro tamiz que no fuera el desplazamiento del gobernador. Un desplazamiento que efectivamente ocurrió, aunque por entonces no estuviera todo dicho, entre otras cosas, porque aún no se había explicitado el “¿cómo?” del asunto. En cualquier caso, la dinámica del enfrentamiento intraperonista entre la Tendencia y aquello que se le oponía y que desde hacía unos meses hegemonizaba el propio gobierno nacional, la Ortodoxia, no hacía más que tomar impulso, por lo que la “caída de Bidegain” sería sólo el comienzo de un profundo conflicto político-institucional que tomaba cuerpo en el cambio de aquellas situaciones provinciales que se las tenía por focos de “infiltración”.

El Día, La Plata, 22/1/1974, p.5.

El Día, La Plata, 22/1/1974, p.5.

Pero como decíamos, aquella noche en la que el general parecía haber sentenciado al gobernador de Buenos Aires, aún no se había resuelto el método de ejecución. Entonces, se produjo un impasse de frenéticas negociaciones políticas. Una vez asimilada la alocución presidencial, a la determinación del Dr. Bidegain de informar en la reunión del gabinete provincial del día lunes su disposición a abandonar el cargo, se le opuso el reflejo político de su ministro de gobierno Dr. Manuel Urriza. Así, el responsable de la cartera de gobierno convenció al gobernador de la necesidad de no precipitarse para hurgar antes en los intersticios del poder político nacional con el propósito de encontrar algún margen de maniobra para recomponer la situación. Y a esos menesteres se entregaron gobernador y ministro los días lunes y martes. Inclusive ese último día pareció emerger un elemento que había estado prácticamente ausente hasta entonces, no sabemos si por estar de vacaciones o porque prefería ser espectador antes que actor de unos momentos tan poco reconfortantes, nos referimos al magma militante de la Tendencia. Aquel martes 22 de enero, como decía, hizo su aparición sobre la plaza San Martín frente a la Casa de Gobierno la Tendencia por la vía de la JP de La Plata. Una esmerada aunque modesta concentración nutrió la vereda del palacio gubernativo, la calle y la acera de la plaza en apoyo al tambaleante gobernador bonaerense. Ya al caer la tarde, los jóvenes que vitoreaban al gobernador, donde no faltaban carteles de la organización Montoneros, debieron conformarse con los saludos que desde el balcón de la Casa de Gobierno hicieran la esposa del mandatario, María Antonia Moro y sus dos hijas, Cristina y Gloria, esta última secretaria privada del gobernador, junto a otros funcionarios.[3] Lo cierto es que Bidegain no se encontraba en esos momentos en la ciudad de La Plata. Aún estaba en Buenos Aires tratando de obtener la dispensa del “gran timonel”. No obstante, la suerte estaba echada y el Verano Azul de estas pampas australes derivaba en tragedia para el gobernador bonaerense. Se trataba del final de una efímera gobernación que podríamos decir prácticamente no fue o no quiso ser.

Perón y Balbín. El Día, La Plata, 24/1/1974

El Día, La Plata, 24/1/1974, p.1.

Todo hacía suponer, aunque aún hoy subsisten algunas dudas, que el alejamiento del Dr. Bidegain del gobierno bonaerense era ya una decisión tomada y que originalmente ello iba a ocurrir por la vía de la intervención federal. En ese sentido el diario El Día de La Plata, del 22 de enero de 1974, fue categórico al titular que: “El Poder Ejecutivo enviará al Congreso el proyecto para la intervención de la provincia”[4]. También el mismo periódico nos revelaba que la marcha atrás con esta decisión y su reemplazo por hacer “prevalecer la Constitución de la provincia” fue adoptada por expreso pedido del líder de la Unión Cívica Radical, Dr. Ricardo Balbín. Sea como fuere, el miércoles 23 de enero Bidegain elevaba su dimisión a la Legislatura provincial y el sábado 26 una Asamblea Legislativa la aceptaba al tiempo que consagraba gobernador al entonces vicegobernador y enemigo político declarado del ex mandatario, Don Victorio Calabró.

El Descamisado, Año 1, Nº 37, 29/1/1974, p.31.

El Descamisado, Año 1, Nº 37, 29/1/1974, p.31.

Los luctuosos episodios de Azul, que dejaron un saldo de cinco muertos -el jefe del regimiento Coronel Camilo Gay, su esposa, el segundo jefe Tte. Coronel Jorge Ibarzábal, un soldado y dos guerrilleros- y varios heridos, abrían la vía del desplazamiento de la Tendencia de los gobiernos provinciales. Unos desplazamientos inscriptos en la referida lucha intraperonista entre la Tendencia y la Ortodoxia. Una lucha que reposicionaba a los contendientes al punto que el gobierno nacional no ahorró medios para arrasar con cinco situaciones provinciales y, del otro lado, la organización Montoneros prefirió soltar lastre hasta llegar a desentenderse de la Tendencia para reconstituirse exclusivamente en una maquinaria político-militar abandonando así dichos gobiernos… Con el lenguaje importado de las FAR, Montoneros no dudaba en señalar que aquellos gobiernos ya no constituían la “contradicción principal”. El Verano Azul devendría entonces en un tortuoso otoño institucional que pronto se volvería invierno.


[1] Mensaje dirigido al país por el Tte. General Juan Domingo Perón desde la Residencia Presidencial de Olivos, el 20 de enero de 1974, con motivo de los sucesos ocurridos en la ciudad de Azul. El discurso “Ha pasado la hora de gritar Perón; ha llegado la de defenderlo”, fue difundido por cadena nacional.
[2] La Opinión, 07/02/1974, p. 7.
[3] Dicha fotografía y referencia a la concentración se hallan en: El Día, La Plata, 22/01/1974, p. 5.
[4] El Día, La Plata, 22/01/1974, p. 1.
Las fotos que aquí se publican han sido extraídas de: el diario El Día, de la ciudad de La Plata, fechas 21/1/1974, 22/1/1974 y 24/1/1974; de la revista El Descamisado, Año 1, Nº37, 29/1/1974 y del documento editado por la Presidencia de la Nación Argentina y la Secretaría de Prensa y Difusión del 20/1/1974.
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