Lluvias de Abril

Lluvias de Abril:

La Revolución de los Claveles en la historia contemporánea

 Damián Antúnez Harboure

Cartel conmemorativo 25 de abrilEl politólogo Samuel Huntington hizo célebre aquello de las olas democratizadoras en la historia contemporánea de occidente puntualizando que la tercera se había iniciado en abril de 1974 en Portugal[1]. En particular, el parto tuvo lugar en la madrugada del 25 de abril de 1974 cuando la emisora católica portuguesa Rádio Renascença hiciera sonar un grito de guerra que quiso ser un canto de paz. Entonces, Grândola Vila Morena -una canción compuesta por José Afonso en 1964 y prohibida por la dictadura- se apoderó de los corazones del sufrido pueblo lusitano que a partir de allí se vio redimido por la decisión valiente y serena de los militares del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA)[2] de poner fin al decadente y opresor régimen salazarista para devolverle aquello que nunca debería haber perdido: la plena capacidad de hacer valer la voluntad general para forjar su destino.

Aquella mañana del 25 de abril de 1974, junto a los generales Spínola y Costa Gomes y a otros oficiales como Melo Antúnes, Saraiva o Vasco Gonçalves, el pueblo portugués despertó del tórrido sueño de la dictadura de Salazar-Caetano descendiendo a las calles y acercándose al Cuartel do Carmo para vivar a los “sediciosos” y exigir las renuncias del primer ministro Marcelo Caetano y del presidente Américo Tomás. Pueblo y ejército juntos, unidos simbólicamente por unos claveles que los militares colocaron en las bocas de sus tanques y fusiles como muestra del carácter pacífico del movimiento, daban vuelta una larga y trágica página de la historia contemporánea de Portugal. Aquel 25 de abril se abría también el retardado proceso de independencia colonial en Angola, Mozambique, Santo Tomé y Príncipe, Cabo Verde, Guinea Bissau, Macao y Timor Oriental.

La vergüenza colonialista de las ruinas del antiguo imperio portugués, propia de una élite dirigente que combinaba una raigambre pre-moderna con unos intereses económicos ligados a un capitalismo periférico y depredador, se convertía ahora en los cimientos de un proceso político no exento de tensiones vinculadas a un contexto internacional de guerra fría que preanunciaba fuertes pulsiones democráticas. Unas pulsiones que fueron acompañadas de un portentoso anhelo de igualdad social en un país empobrecido hasta la asfixia. En definitiva, el pueblo portugués se abría a un complejo y, en cierto modo, novedoso proceso político bajo la atenta mirada de los poderosos de la Alianza Atlántica que temían una salida de la revolución portuguesa en clave socialista. Por cierto, una atenta mirada que amenazaba devenir tutela.

Pero ahí estaba ese Movimiento de las Fuerzas Armadas que, apoyado principalmente por los rehabilitados partidos Socialista (Mario Soares) y Comunista (Álvaro Cunhal), se había erigido en centinela de lo que ya se conocía como Revolução dos Cravos [Revolución de los Claveles]. Una revolución que bien podríamos encuadrar en los procesos de liberación nacional que vivía el denominado Tercer Mundo desde hacía ya más de tres lustros aunque hasta entonces no hubiera incluido a la franja meridional de la “vieja” Europa sino antes bien a la “tricontinental” de los pueblos más pobres y sojuzgados del planeta en América Latina, Asia y África.

Documento secreto del MFA

Documento secreto del MFA

En cualquier caso, aquel encuadre no debe impedirnos extraer ciertas notas que nos hablan de la originalidad de la Revolución de los Claveles. He aquí entonces, como ya lo anticipáramos, una primera marca iconoclasta: estamos frente a un movimiento de liberación nacional enclavado en la Europa occidental. Una segunda marca tan original como iconoclasta serían los también referidos anhelos de conjugar libertad e igualdad o si se quiere, de una forma mucho más estereotipada, democracia y socialismo, sin resignar los primeros en pos de los segundos y viceversa, lo que complicará hasta lo impensable el proceso de “institucionalización” que sigue a toda revolución, comprendiendo importantes riesgos de retroceso como ocurriera entre los últimos meses de 1974 y el primer trimestre del año siguiente. Ahora bien, podemos incluir una tercera nota que hace a la idiosincrasia de esta revolución y que también la vuelve iconoclasta al menos para países del cono sur de América Latina como Argentina, Brasil o Chile donde sus Fuerzas Armadas se vieron definitivamente alineadas con la reacción: el papel liberador de unos militares que dieron el golpe de gracia que necesitaba el tambaleante régimen salazarista para derrumbarse, poniendo fin a la guerra colonial y apostando por la democracia y, en el caso de la fracción más radical del MFA, aún por el socialismo[3].

En resumen, unos claveles, una canción y un grupo de valientes oficiales del ejército acabaron como el significante de una revolución que designó un cambio de era en la historia del Portugal contemporáneo. Se abría entonces un nuevo proceso democratizador en el sur de Europa: la caída de las oxidadas dictaduras había comenzado en Portugal pero pronto le tocaría el turno a Grecia y algo más tarde a España, también hartas de opresión, mediocridad e injusticia.

Se consagraba así esa nueva ola democratizadora enclavada en la franja más postergada de la Europa mediterránea. Ya hemos señalado que este proceso sería caracterizado por el politólogo Samuel Huntington como la tercera ola democratizadora del mundo occidental; sin embargo, es dable preguntarnos si no se debiera poner en cuestión la datación con la que dicho autor inaugura esa tercera ola. Este simple ejercicio de análisis histórico nos lleva indefectiblemente al proceso de transición democrática de Argentina que culmina en las elecciones del 11 de marzo y del 15 de abril de 1973[4].

Este planteamiento puede parecer impertinente o pretencioso desde una perspectiva eurocéntrica. No perdamos de vista que se está cuestionando la pertinencia de considerar las “transiciones democráticas” de Portugal, Grecia y España como un proceso socio-político dotado de cierta homogeneidad o coherencia interna, no exento de un carácter teleológico. Pareciera como si dichas transiciones estuviesen destinadas al éxito, lo que suponía la incorporación de dichos países al “tren de la historia”, al “club del progreso”, cuya consagración final no sería otra que la incorporación a la entonces Comunidad Económica Europea. Desde esta perspectiva, un caso como el argentino de 1973 no sería otra cosa que un “caso fallido”, periférico y que además se suponía destinado a encallar. Parecería complicado imaginar una Argentina democrática, por ejemplo, luego del derrocamiento de Salvador Allende en Chile en septiembre de 1973, además, cuando antes había sido pulverizado cualquier mínimo ensayo democrático en Brasil, Bolivia o Uruguay.

No obstante, un año antes de la Revolución de los Claveles nada de todo aquello era considerado un escenario político necesariamente plausible. Ni la tercera ola democratizadora europea era una realidad reconocible por teóricos políticos, sociales o intelectuales de las más diversas corrientes ideológicas en 1974, ni la salida de la dictadura argentina en 1973 se mostraba débil o destinada al fracaso. Muy por el contrario, no pocos actores sociales y políticos de entonces, intelectuales o analistas políticos y sociales más que preocuparse por la capacidad de Argentina en superar el denominado “péndulo cívico-militar” -se daba por hecho el hundimiento político del denominado “partido militar”-, las incógnitas del proceso político de entonces estaban centradas en cómo se resolvería el difuso proyecto de “socialismo nacional” que embanderaba a las “formaciones especiales” peronistas y, en particular, a Montoneros.

También es preciso reconocer que el vértigo de los cambios políticos y sociales de aquellos años nos lleva a considerar que, al estallar la Revolución de los Claveles, la Argentina presidida por el ya anciano general Perón mostraba no pocos signos de deterioro institucional e incertidumbre política al son de una profunda crisis y enfrentamiento al interior del peronismo gobernante que impactaba sobre los distintos niveles de gobierno. En los cuatro primeros meses de 1974 habían renunciado el gobernador de Buenos Aires, Dr. Oscar Bidegain, ante la crisis suscitada por el ataque del ERP al cuartel militar de Azul y el gobernador de Córdoba, Dr. Ricardo Obregón Cano, como consecuencia de los confusos episodios que siguieron a su derrocamiento por un exonerado jefe de la Policía provincial. Pero los “líos provinciales” no acababan allí; la situación del gobernador mendocino Dr. Alberto Martínez Baca pendía de un hilo una vez iniciado un forzado proceso de juicio político y los conflictos derivados de los enfrentamientos entre los gobernadores y vicegobernadores de Santa Cruz y Salta no auguraban tregua alguna. Y estas crisis políticas provinciales siendo las más agudas no eran las únicas. Las batallas del conflicto intraperonista entre la Tendencia y la Ortodoxia iban prefigurando entonces sí un derrotero cada vez más violento que ponía cada vez más en tela de juicio el futuro de la naciente democracia frente a una plausible Argentina sin Perón presidente [5].

Dicho de otro modo, las lluvias de abril correspondieron a un tiempo a la primavera portuguesa y a otro al otoño argentino de 1974; pero ello no hacía aún prever cuál sería el derrotero histórico a un lado y a otro del Atlántico, más allá de los signos políticos que por entonces desgranaba Clío. Más tarde sí quedaría claro que lo de Argentina había sido un ensayo abortado antes que fallido y que a su vez dejaba la exclusiva del éxito a los victoriosos “capitanes de abril” en lo que sería la Tercera República Portuguesa.


[1] Huntington, Samuel, La tercera ola. La democratización a finales del siglo XX, Barcelona, Ediciones Paidós Ibérica, 1994.
[2] Organización clandestina surgida en el seno de las FFAA de Portugal e integrada por oficiales de alto grado que se oponían a la política colonial del gobierno del primer ministro Dr. Marcelo Caetano, al tiempo que buscaba articular una salida política a la ya desgastada dictadura salazarista.
[3] En contraposición con la alineación pro estadounidense de las FFAA de países como Argentina, Brasil o Chile con posterioridad a la Revolución Cubana (1959) puede mencionarse el caso de Perú, donde se forjó un modelo de ejército nacionalista-antiimperialista (“peruanismo”) de la mano del presidente Gral. Juan Velasco Alvarado (1968-1975). Esta experiencia histórica, que podría encontrar puntos de contacto con el caso del régimen de Gamal Abdel Nasser en Egipto, se extiende también a otros países de América Latina, aunque se trata de casos más aislados y desde luego menos orgánicos por implicar sólo a grupos de militares aunque con liderazgos fuertes como lo han sido el del Gral. Juan José Torres en Bolivia (presidente derrocado en 1971) y el del Gral. Líber Seregni Mosquera en Uruguay (fundador y referente del Frente Amplio).
[4] Este planteamiento aparece específicamente desarrollado en mi tesis doctoral. Ver: Antúnez Harboure, Damián, La Tendencia Revolucionaria del Peronismo en los gobiernos provinciales. Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Santa Cruz y Salta. 1973-1974, Salamanca, Universidad de Salamanca, 2011.
[5] Téngase presente que al comienzo del otoño austral de 1974 la salud del presidente era un tema de Estado de primer orden debido a su visible deterioro.
Nota: El cartel conmemorativo del 25 de abril de 1974 ha sido extraído de la página Web http://www.digitalblue.blogs.sapo.pt / El documento secreto del MFA ha sido extraído de la página Web http://www.lagash.blogs.sapo.pt.
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