La provincia de Buenos Aires: antesala de la revolución del 4 de junio de 1943

La provincia de Buenos Aires: antesala de la revolución del 4 de junio de 1943

 Damián Antúnez Harboure

Revolución 4 junio 1943

“… Durante el comienzo del verano de 1942/43, Rodolfo Moreno tenía intactas sus esperanzas de ver fortalecida su pre-candidatura presidencial. Pensaba que, si lograba encolumnar al partido tras su liderazgo político, como bandera de los conservadores bonaerenses, el presidente Castillo tendría que ceder ante el peso de los hechos consumados, en sus preferencias por candidatos como Robustiano Patrón Costas o Guillermo Rothe. Sin embargo, lo que había detrás de Moreno no era un partido sólidamente encolumnado; ni siquiera el propio proceso electoral venidero estaba creando expectativas en la ciudadanía que pudieran redundar en un “clamor popular” que acompañara su candidatura. Se estaban cosechando los frutos de más de una década de unas prácticas políticas que sólo habían “producido elecciones”, que no eran consecuencia de una movilización creciente de un “electorado activo”. La opinión positiva que había merecido el gobierno de Moreno en vastos sectores de la provincia no había generado aquel “movimiento de opinión” en que éste había colocado sus esperanzas para transformar la estructura partidaria conservadora. De este modo, la aparente intransigencia que mostraron notables y dirigentes locales conservadores en su pulseada con el presidente Castillo sólo sirvió para intentar negociar posiciones coyunturales. Cuando el “árbitro Castillo” amenazó jugar la tan temida carta de la intervención federal, la dirigencia conservadora en su conjunto optó por sacrificar al gobernador y su pre-candidatura presidencial para participar de los retazos de poder que estaban en condiciones de arrancarle al presidente. La dirigencia conservadora no podía perderlo todo. La “máquina” había aprendido que, en última instancia, dependía del gobierno nacional. El fracaso de Moreno por convertir a la “máquina electoral conservadora” en algo más que un instrumento político para “producir elecciones”, no hacía otra cosa que repetir en clave liberal-reformista el fracaso de Fresco de 1940 en clave corporativista. De todos modos, los juegos políticos de la máquina electoral conservadora estaban llegando a su fin, puesto que cuando los actos de fuerza fijan las reglas del juego la escalada final puede no acabar en la instancia en que se imagina. Habría otro poder que osaría jugar una carta que desplazaría, no ya a un gobierno provincial, sino al presidente de la Nación y a las agonizantes instituciones de la república: la revolución militar del 4 de junio de 1943. En esta instancia final resulta significativo y sugerente el siguiente diálogo que mantuvieron el presidente Ramón S. Castillo y el diputado socialista por la Capital Federal Enrique Dickmann, quien lo había visitado hacia finales de 1942 con el propósito de disuadirlo en su afán por clausurar el Concejo Deliberante metropolitano:

(…) [Castillo:] – El cuerpo está contaminado, y yo lo disolveré.

[Dickmann:] – Y si mañana, en el Congreso Nacional, se descubriera que algunos legisladores. cometieron irregularidades, ¿qué haría el Poder Ejecutivo?

[Castillo:] – No titubearía en disolver el Congreso Nacional.

[Dickmann:] – ¿Y si tales irregularidades se descubrieran en el Ejército, la Marina o la Aviación, decretaría el señor Presidente la disolución de esos cuerpos?

[Castillo:] – Castigaría a los autores de tales irregularidades, – me dijo sin mucha firmeza [Dickmann]

[Dickmann:] – Por este camino de medidas de fuerza, mañana alguien que se crea con más poder, podrá disolver el mismo Poder Ejecutivo Nacional por irregularidades de alguno o algunos de sus miembros.

[Castillo:] – Ello es inverosímil (…)[1]

En poco más de seis meses la revolución militar del 4 de junio de 1943 disolvía los poderes Ejecutivo y Legislativo en sus tres niveles, al tiempo que ponía en disponibilidad a jueces federales y demás magistrados judiciales. Con todo ello también se derrumbarían las fuerzas políticas conservadoras que habían regido por algo más de una década los destinos políticos de la provincia de Buenos Aires.”[2]

___

[1] Enrique Dickmann, Recuerdos de un militante socialista, Buenos Aires, Claridad, 1949, p. 322.

[2] Extractado del libro de ANTUNEZ HARBOURE, Damián, Entre la fuerza de la razón y la razón de la fuerza. Clientelismos, elecciones y prácticas políticas en la provincia de Buenos Aires, 1938-1943,  Valladolid (España), Gráficas Santa María, 2011.

Nota: La foto ha sido extraída de la página Web www.villamanuelita.org
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