17 de Agosto

17 DE AGOSTO(*)

Damián Antúnez Harboure

Unidad nacional e identidad colectiva. Ideario político y lectura socio-histórica. Se miran y se reconocen como en un espejo. El Gral. José de San Martín se erige en ese significante que se vuelve significado en dichas expresiones. Un significado que hunde sus raíces en valores que se han convertido en señas de identidad de la historia argentina y latinoamericana: emancipación y libertad. En otras palabras, ese ideario emancipador que conecta a San Martín con Bolívar en clave panamericana y que aún hoy reclama aquel viejo anhelo de la Patria Grande.

Ha corrido tinta enSan-Martin aras de intentar dilucidar aquel punto y seguido para algunos o punto y aparte para otros de la campaña libertadora en Guayaquil, aquel 26 de julio de 1822. Pero aún así, a despecho de los historiadores que han abordado el tema, el misterio que supo apoderarse del encuentro de Guayaquil se pierde de vista en el horizonte de la historia o, al menos, de la historia de los argentinos cuando la figura del libertador Gral. José de San Martín deviene prócer o, más aún, padre de la patria y custodio del principio de unidad nacional.

Ahora bien, observemos someramente ese proceso -extrayendo algunos elementos aportados por la historiadora Aurora Ravina[1]– por el cual el general San Martín se incorpora al calendario patrio. Ciertamente, estamos frente a un desarrollo histórico que nos coloca en la línea de largada de una serie de procesos constitutivos de la Argentina moderna. Cualquier delimitación temporal comporta siempre alguna cuota de arbitrariedad, aunque en este caso el riesgo resulta más que asumible si adoptamos el año del centenario del nacimiento del libertador -1878- como plataforma base a partir de la cual van a ir incorporándose toda una serie de elementos que darán forma a la figura del padre de la patria.

Lo cierto es que con motivo del centenario de su natalicio, hacia el final del gobierno de Nicolás Avellaneda, el Estado argentino inauguraba la primera estatua a San Martín en una ciudad de Buenos Aires que aún no era capital de la Nación. El predio elegido fue el de una antigua plaza de toros que supo llamarse a un tiempo Campo de la Gloria -en memoria de la resistencia a los invasores ingleses- y a otro, posiblemente con cierta reminiscencia tal vez romana, tal vez francesa, Campo de Marte. Nos referimos a la actual Plaza San Martín del barrio porteño de Retiro.

A la vuelta de la esquina de aquel 1878 arribamos a otro acto por demás significativo: en 1880, una vez resuelto el problema de la federalización de la ciudad de Buenos Aires, se repatriaron desde Francia los restos mortales de San Martín para reposar definitivamente en la Catedral metropolitana. El libertador entraba entonces, con todos los honores, en el panteón nacional. De todos modos, aún no había sido narrada la epopeya sanmartiniana; una tarea que, algunos años más tarde, se verá consagrada con la Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana del ex presidente Gral. Bartolomé Mitre.

Podemos afirmar que aquellos hitos en la construcción de la conmemoración sanmartiniana irían modelando el mito de los orígenes propio de cualquier nación que se precie de tal. Sin embargo, este proceso no sería unívoco. Nuestra historia patria -y con ella San Martín- debía reposar sobre una base necesariamente literaria que, a modo de terciopelo, enmarcara la composición. Se me ocurre que la rehabilitación del Martín Fierro encarada por Lugones en sus conferencias de 1913 sobre la identidad nacional vino a llenar ese faltante. Por su parte, el revisionismo rosista de la década del ’30 iba a subrayar la donación que hiciera San Martín de su sable corvo al gobernador bonaerense Juan Manuel de Rosas en una nueva lectura histórica de la que el libertador no podía estar ausente. Por cierto, la década del treinta, aún en su estereotipo de década infame, iba a ver erigido el 17 de agosto en fiesta nacional por iniciativa del gobierno del presidente Justo en 1933. Digámoslo: nadie, ningún argentino, ninguna lectura de nuestra historia podía prescindir del padre de la patria.

Pero nada se compara en materia de exaltación sanmartiniana a 1950: “Año del Libertador José de San Martín”, cuando el gobierno constitucional del Gral. Juan Domingo Perón dispuso todo un programa conmemorativo del centenario de su muerte. Entonces, la figura de San Martín crecía en el seno de la Argentina peronista; allí donde el máximo referente militar de nuestra emancipación política se miraba ahora en quien proclamara la era de la justicia social, la independencia económica y la soberanía política. No obstante, ni siquiera las profundas tensiones políticas que crispaban las relaciones entre gobierno y oposición al calor de ese vertiginoso cambio redistributivo que permitió la integración socio-política de los trabajadores argentinos podía comprometer la bandera de la unidad nacional encarnada en San Martín. Aún en el fervor de la discusión parlamentaria sobre la cuestión del desacato a la figura presidencial, el diputado oficialista Visca admitía que sobre el presidente podían caber opiniones diversas pero, eso sí, esta diversidad cesaba cuando entraba en escena el Libertador San Martín, de quien, en su opinión, sólo podía pensarse “de una sola manera”.

En suma, aún cuando la epopeya sanmartiniana pudiera verse más o menos asociada con proyectos políticos en sucesivos presentes, podemos decir que lo fundamental del mito, en tanto bandera de unidad nacional, pervive en nuestros días. Convengamos también que el significado emancipador encarnado en el Gral. San Martín recobra renovada actualidad: estamos frente una conmemoración que da cuenta de un nuevo espacio de encuentro para la unidad de una patria que no transige en su afán emancipador.

[1] Ravina, Aurora, “¿Cumple la Argentina de hoy con el legado histórico del Libertador? La dignidad como obligación”, Página 12, 17/8/2000.
Imagen del Gral. San Martín extraída de la Página Web de la Embajada de Argentina en Paraguay.
(*)El presente artículo apareció publicado en la Web de la Facultad de Ciencias Humanas de la UNRC el 17-8-2014.
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