17 de Agosto

17 DE AGOSTO(*)

Damián Antúnez Harboure

Unidad nacional e identidad colectiva. Ideario político y lectura socio-histórica. Se miran y se reconocen como en un espejo. El Gral. José de San Martín se erige en ese significante que se vuelve significado en dichas expresiones. Un significado que hunde sus raíces en valores que se han convertido en señas de identidad de la historia argentina y latinoamericana: emancipación y libertad. En otras palabras, ese ideario emancipador que conecta a San Martín con Bolívar en clave panamericana y que aún hoy reclama aquel viejo anhelo de la Patria Grande.

Ha corrido tinta enSan-Martin aras de intentar dilucidar aquel punto y seguido para algunos o punto y aparte para otros de la campaña libertadora en Guayaquil, aquel 26 de julio de 1822. Pero aún así, a despecho de los historiadores que han abordado el tema, el misterio que supo apoderarse del encuentro de Guayaquil se pierde de vista en el horizonte de la historia o, al menos, de la historia de los argentinos cuando la figura del libertador Gral. José de San Martín deviene prócer o, más aún, padre de la patria y custodio del principio de unidad nacional.

Ahora bien, observemos someramente ese proceso -extrayendo algunos elementos aportados por la historiadora Aurora Ravina[1]– por el cual el general San Martín se incorpora al calendario patrio. Ciertamente, estamos frente a un desarrollo histórico que nos coloca en la línea de largada de una serie de procesos constitutivos de la Argentina moderna. Cualquier delimitación temporal comporta siempre alguna cuota de arbitrariedad, aunque en este caso el riesgo resulta más que asumible si adoptamos el año del centenario del nacimiento del libertador -1878- como plataforma base a partir de la cual van a ir incorporándose toda una serie de elementos que darán forma a la figura del padre de la patria.

Lo cierto es que con motivo del centenario de su natalicio, hacia el final del gobierno de Nicolás Avellaneda, el Estado argentino inauguraba la primera estatua a San Martín en una ciudad de Buenos Aires que aún no era capital de la Nación. El predio elegido fue el de una antigua plaza de toros que supo llamarse a un tiempo Campo de la Gloria -en memoria de la resistencia a los invasores ingleses- y a otro, posiblemente con cierta reminiscencia tal vez romana, tal vez francesa, Campo de Marte. Nos referimos a la actual Plaza San Martín del barrio porteño de Retiro.

A la vuelta de la esquina de aquel 1878 arribamos a otro acto por demás significativo: en 1880, una vez resuelto el problema de la federalización de la ciudad de Buenos Aires, se repatriaron desde Francia los restos mortales de San Martín para reposar definitivamente en la Catedral metropolitana. El libertador entraba entonces, con todos los honores, en el panteón nacional. De todos modos, aún no había sido narrada la epopeya sanmartiniana; una tarea que, algunos años más tarde, se verá consagrada con la Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana del ex presidente Gral. Bartolomé Mitre.

Podemos afirmar que aquellos hitos en la construcción de la conmemoración sanmartiniana irían modelando el mito de los orígenes propio de cualquier nación que se precie de tal. Sin embargo, este proceso no sería unívoco. Nuestra historia patria -y con ella San Martín- debía reposar sobre una base necesariamente literaria que, a modo de terciopelo, enmarcara la composición. Se me ocurre que la rehabilitación del Martín Fierro encarada por Lugones en sus conferencias de 1913 sobre la identidad nacional vino a llenar ese faltante. Por su parte, el revisionismo rosista de la década del ’30 iba a subrayar la donación que hiciera San Martín de su sable corvo al gobernador bonaerense Juan Manuel de Rosas en una nueva lectura histórica de la que el libertador no podía estar ausente. Por cierto, la década del treinta, aún en su estereotipo de década infame, iba a ver erigido el 17 de agosto en fiesta nacional por iniciativa del gobierno del presidente Justo en 1933. Digámoslo: nadie, ningún argentino, ninguna lectura de nuestra historia podía prescindir del padre de la patria.

Pero nada se compara en materia de exaltación sanmartiniana a 1950: “Año del Libertador José de San Martín”, cuando el gobierno constitucional del Gral. Juan Domingo Perón dispuso todo un programa conmemorativo del centenario de su muerte. Entonces, la figura de San Martín crecía en el seno de la Argentina peronista; allí donde el máximo referente militar de nuestra emancipación política se miraba ahora en quien proclamara la era de la justicia social, la independencia económica y la soberanía política. No obstante, ni siquiera las profundas tensiones políticas que crispaban las relaciones entre gobierno y oposición al calor de ese vertiginoso cambio redistributivo que permitió la integración socio-política de los trabajadores argentinos podía comprometer la bandera de la unidad nacional encarnada en San Martín. Aún en el fervor de la discusión parlamentaria sobre la cuestión del desacato a la figura presidencial, el diputado oficialista Visca admitía que sobre el presidente podían caber opiniones diversas pero, eso sí, esta diversidad cesaba cuando entraba en escena el Libertador San Martín, de quien, en su opinión, sólo podía pensarse “de una sola manera”.

En suma, aún cuando la epopeya sanmartiniana pudiera verse más o menos asociada con proyectos políticos en sucesivos presentes, podemos decir que lo fundamental del mito, en tanto bandera de unidad nacional, pervive en nuestros días. Convengamos también que el significado emancipador encarnado en el Gral. San Martín recobra renovada actualidad: estamos frente una conmemoración que da cuenta de un nuevo espacio de encuentro para la unidad de una patria que no transige en su afán emancipador.

[1] Ravina, Aurora, “¿Cumple la Argentina de hoy con el legado histórico del Libertador? La dignidad como obligación”, Página 12, 17/8/2000.
Imagen del Gral. San Martín extraída de la Página Web de la Embajada de Argentina en Paraguay.
(*)El presente artículo apareció publicado en la Web de la Facultad de Ciencias Humanas de la UNRC el 17-8-2014.
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No serás rey, Felipe

He aquí un poderoso argumentario en pos de ese sentir que tantos compartimos en palabras del politólogo Juan Carlos Monedero: el de una Tercera República española.

Príncipe de Asturias“El loco, decía Lacán, no es el desequilibrado mental que se cree rey, sino el rey que se cree rey. Ser rey en 2013 es como usar un calcetín para no preñar, creer que la luz eléctrica la enciende el diablo o darse con un látigo de cinco puntas en la espalda para que los pecados se blanqueen. Por eso las coronaciones o los matrimonios reales necesitan ser tan efectistas: tienen que compensar con oropel y maneras antiguas lo increíble del asunto. ¿Te acuerdas, Felipe, de tu boda y todo aquel gasto descomunal? Los reyes, además, tienen que llenar de brumas su pasado, para que no aparezca un puñal, un veneno, una traición, un matrimonio de conveniencia, un soborno, una matazón de campesinos. ¿Quién fue el primero de la saga? Reyes, dinastías, príncipes herederos, argumentos legitimistas… Pudo ser o no. Los borbones son un accidente. Viendo la historia, un desafortunado accidente. No es que los Habsburgo, vulgo Austrias, fueran mejores. Ni mucho menos. Pero los de la flor de lis, quizá por la cercanía, vienen frenando lo inteligente en la historia reciente desde, cuando menos, la Revolución Francesa. De Fernando VII, ni hablamos.

No queremos que seas rey, Felipe. Ya no son tiempos. Tu bisabuelo entendió que este pueblo ya no lo quería. Se marchó. Si se hubiera quedado, lo hubieran encarcelado. Pese a los intentos de la derecha de exonerarle de toda culpa. Tu padre, tú mismo, soy millonarios gracias al dinero heredado. (Lo de tu hermana se está discutiendo en sede judicial). Por decirlo amable. No heredáis solamente el derecho de convertirnos en súbditos. Siempre heredáis mucho dinero. Y luego lo sabéis mover muy bien. Por decirlo amable. Los republicanos somos amables. Sabemos que el futuro, de no mediar un apocalipsis nuclear, será republicano. Si hay catástrofe, habrá reyes. Otra razón para no quereros reinando. Nos da mal fario.

A tu padre lo nombró un dictador. Franco. A ti te nombró tu padre. Juan Carlos de Borbón. Siguiendo vuestras normas, le correspondía, por edad, a tu hermana Elena. No la dejasteis. Luego os molesta que el pueblo haga diferencias entre las personas listas y las personas tontas. Aunque viendo el comportamiento de la lista, más nos valdría que no lo fuera tanto. No hay momento en el que hayáis reinado en el que la inteligencia no os haya repudiado. Tantos siglos y no habéis dejado ni siquiera un buen libro escrito por alguno de vosotros, una sinfonía, un cuadro, una patente. A ti te pusieron en una ocasión a presentar una serie sobre la naturaleza. Tu padre ya se había bajado a unos cuantos elefantes, osos y demás animales con ojos lo suficientemente grandes como para estremecerte cuando les disparas. Bien lo sabías, pero te pusiste a darnos lecciones de respeto a la naturaleza. Siempre nos dais lecciones de lo que no hacéis. Como cuando tu padre nos habla el 24 de diciembre de la familia cristiana. De Corina, ni hablamos.

Como la iglesia, decís una cosa y hacéis otra. Hasta ecologista te han presentado. ¿Cuánta gente de la familia real está vinculada a consejos de administración de empresas altamente contaminantes? No podemos quereros. Es la voluntad de un pueblo. Necesitamos la República. La República en España es algo más que una forma de gobierno. Siempre lo hemos vinculado a un cambio de régimen lleno de simbolismo emancipador. En la historia de nuestro país, en ese mito de las dos Españas, invariablemente habéis estado en la misma. Una pequeñita donde siempre estaban también el grueso de los militares y los sacerdotes gruesos (es decir, todos), financiados por banqueros y por Santas Alianzas internacionales. También, claro, por ese pueblo abducido para vuestra causa por tener el verdugo en sus cabezas. Claro que al final hay gente de vuestro lado. Nos habéis llevado a misa a ostias y a hostias. También haciéndonos creer que los ricos también lloran o que podemos vivir vicariamente a través de vuestros palacios y vuestras fiestas. Hace más daño Salsa Rosa, el Hola y el confesionario que el Mein Kampf.

No serás rey, Felipe. Cuando estudiaste en Canadá, te dieron el premio al mejor compañero. Podrían haberte dado el de física, el de matemáticas, el de historia o el de redacción. Pero tuviste que venirte con el de mejor compañero. No haberlo recibido. Nos gustaría que fuera os celebraran por inteligentes o por solidarios, no por vuestro glamour aristocrático. Sabemos que después de los asesinatos de Al Qaeda en Atocha -qué lástima, tu padre podía haber salido a decir que no había sido ETA, pero se quedó callado, dando por buena la mentira del gobierno de Aznar y del candidato, entonces, Rajoy-, digo, después de aquella barbarie, anulaste tu luna de miel. Pero no fue verdad. Nos enteramos después de que te habías ido, en secreto, de viaje. En un avión sólo para vosotros, tus amigos -donde no hay noticia de que haya ningún trabajador-, al Caribe. Nos enteramos porque hubo un incidente en un aeropuerto en Estados Unidos. Dijiste que anulabas el viaje en solidaridad con el dolor que teníamos por los casi 200 muertos. Pero no te dolía, porque te fuiste a la playa a celebrar. Como Ana Botella con las muchachas muertas en el Madrid Arena, de las que informaba entre viaje y viaje a un balneario en Portugal. Sois la misma España. Una que no queremos. Una que necesitamos superar.

Fuiste hace poco a Caracas, a las exequias de Chávez. Escuché que te abucheaban. Te fuiste pronto. Ni siquiera te quedaste a la toma de posesión del Presidente electo, Nicolás Maduro. No tenías tampoco nada que charlar con Evo Morales, con Rafael Correa, con Cristina Fernández, con Mel Zelaya o Fernando Lugo. Esa gente ya no está en esa lógica de las Cumbres que se inventó Felipe González para hacer negocios con sus amigos. Vaya vaya con la “madre patria”.

Es cierto que nunca pedisteis disculpas por el “por qué no te callas”, ese tuteo autoritario de tu padre contra un Presidente electo. Nunca se contó bien esa historia. En aquella Cumbre, Aznar, nada más bajarse del avión, insultó, al pie de la escalera, a Chávez -qué gran Presidente fue Aznar, el corresponsable de la masacre de Irak-. Después de escuchar las declaraciones de Aznar, Chávez, enfadado, recordó la participación de nuestro gobierno en el golpe de Estado en Venezuela en abril de 2002. En el cierre, Zapatero, sin corresponderle la palabra, intervino, de nuevo para defender a Aznar y reprender al Presidente venezolano. Ahí es donde Chávez protestó. Y ahí es donde tu padre, quizá con una digestión pesada, saltó con esas maneras tan borbónicas. Ya ni siquiera ayudáis a una buena relación con América Latina. Por esto, tampoco puedes ser rey, Felipe.No serás rey, Felipe.

Tenemos que crecer como ciudadanos. Asumir las consecuencias de nuestros propios actos. Necesitamos solventar nuestra relación entre los diferentes pueblos de España. Con un rey es imposible ese diálogo. Tenemos que sentarnos en igualdad de condiciones.Y necesitamos discutir también nuestra relación con esa iglesia que se mete en nuestras escuelas, en nuestras camas, en nuestras universidades y en nuestros laboratorios. Con un rey católico, apostólico y romano no es posible. Necesitamos frenar el papel de los lobbies, las intermediaciones empresariales, los patrocinios interesados que invitan a tantas oscuridades. Con reyes ricos y lobistas eso no es posible.. Sois un mal ejemplo para otro tipo de emprendedores. ¿Cuantos yates y vacaciones os han financiado empresarios con intereses confesados e inconfesables?

Tenemos que tomar las riendas de nuestro futuro en nuestras manos. En la crisis actual del modelo, una crisis que es integral, ninguna solución pasa por tutela alguna. Para eso necesitamos ser ciudadanos plenos. Con un rey, no es posible. El pueblo necesita decidir quién tiene que representar nuestra aventura común como sociedad y cómo articulamos nuestras relaciones. Asumir esa responsabilidad. Crecer. Seguramente tú, Felipe, vas a priorizar el mantenimiento de tu puesto de trabajo. Es tu principal interés. Te educaron para eso. Tu interés por un lado, el nuestro por otro. A ti te hacemos siempre falta nosotros. A nosotros no nos haces falta tú. Y porque nosotros somos el pueblo, no vas a ser rey, Felipe. Pero tranquilo: no depende de ti. Sabemos que esa tarea es exclusivamente nuestra. Estamos en ello.”

Fuente: Público.es, página consultada el 5/6/2014, enlace: www.publico.es/453652/no-seras-rey-felipe. La fotografía fue extraída de la página Web Terra.es
 

							
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Ensayo histórico. Avellaneda: la sombra del último “caudillo” (VI de VI)

Essai historique

Avellaneda : L’ombre du dernier « caudillo » (VI de VI)

Damián Antúnez Harboure

Une Rétrospective dans le parallélisme Barceló-Herminio : la même faute d’un coin à l’autre de l’histoire ?

Il y a des différences et des ressemblances notables entre les cas de Barceló et d’Herminio qui nous invitent à établir un parallélisme. En ce qui concernent les premières on peut énumérer quelques-unes d’entre elles bien évidentes. Barceló sut construire une figure politique de « caudillo » urbain mélangeant ce qui serait constitutif du nouveaux du paternalisme des dirigeants politiques des banlieues et ce composant traditionnel issu de l’ancien « patron » rural du XIXe siècle. Barceló habitait un « petit palais » face à la place Alsina et s’habillait avec recherche, y compris des redingotes, des jaquettes ou de fins costumes, selon l’occasion ; Herminio, habitait dans une maison sans glamour du quartier Piñeyro et s’habillait comme n’importe quel voisin d’Avellaneda. Barceló présumait de côtoyer la haute société de l’époque ; ça veut dire, de grands politiciens et des ministres avec leurs épouses et même le président Justo fréquentait ses soirées. Par contre, Herminio était fière de se présenter comme un disciple du syndicaliste Augusto Vandor -le « plus grand » après le général Perón, à son sens- et comme un grand ami de Beto Imbelloni, de José Rucci, de Miguelito Di Maio, etc. Bien sûr, rien à voir avec les habitués de chez Barceló tels que les docteurs Solá, Groppo, ou bien les messieurs Salas Chaves, Miguens, Molinari, etc…

Tout cela, c’est indiscutable… En revanche, il y a aussi un côté plus sombre chez Barceló lié aux figures de son frère « le manchot » Barceló, homme d’affaires en ce qui concerne le jeu et la prostitution à Avellaneda, le célèbre rufian Juan Ruggiero ou « Ruggerito », le commissaire Don Esteban Habiague, etc. Ça n’était pas tellement différent du monde de Rosendo, Imbelloni, Guerrero, etc. composant le tableau politique et social d’Herminio. Mais, si l’on peut rapprocher un monde de l’autre en cet aspect, c’est encore plus approprié faire référence aux ressemblances fonctionnelles de leurs contextes et leurs rôles politiques.

Aussi bien Barceló dans le monde du conservatisme de Buenos Aires des années trente qu’Herminio dans celui des décennies soixante et soixante-dix, chacun dans à son époque, jouent un rôle claire comme des pièces d’un engin de contrôle d’un certain « désordre ». En d’autres mots, les deux doivent gérer un certain désordre social et politique en mouvant certaines ficelles du pouvoir locale pour réussir. Voilà donc l’Avellaneda des années trente quarante et celle des années soixante soixante-dix. Les cas célèbres de l’assassinat de Ruggerito en 1933 ou de la fusillade de la Pizzeria la Real en 1966 en reviennent à l’instant.

En ce qui concerne les rôles fonctionnels à proprement parler des personnages en question, il faut dire aussi quelque chose. Le « Barceló » des années trente s’était érigé comme un pilier insubstituable de la « machine conservatrice » pour se maintenir au pouvoir, non seulement au niveau provincial mais aussi au niveau national. Alors, Barceló traversait deux générations de conservateurs -celle qui se remontait à la troupe du Dr. Marcelino Ugarte pendant les premières décennies du siècle et celle des années trente- si bien qu’il ne voyait point la nécessité d’opérer un changement modernisateur comme celui prôné par Moreno et Lima au début des années trente. De la même manière, Herminio avait traversait sa jeunesse au sein du premier peronismo et de la première résistance après 1955 pour s’emparer de son petit fief d’Avellaneda suite à l’arrivée de la démocratie en 1973, tandis qu’il ne comprenait ni le sens de ce qu’on appelait le changement générationnelle ni, moins encore, de ce qui proposait la Tendance Révolutionnaire par rapport au « socialisme national ».

Finalement, il nous reste signaler un dernier point de contact en matière de conception du rôle de la politique. Barceló ne concevait son parti Conservateur qu’en faisant partie d’un monde politique statique, éternel, où les conservateurs représentaient les héritiers naturels de cette Argentine à succès construite par leurs aïeux, que ses opposants radicaux s’appliquaient à nier. A son tour, le peronismo d’Herminio n’était qu’un mouvement profondément national et chrétien, ne présentant aucun lien avec ce « socialisme national » de la Tendance Révolutionnaire. Ainsi, il n’y avait pas besoin de lire Hernández Arregui, José María Rosa et moins encore ces théoriciens marxistes étrangers. Ainsi, on arrive à ce monde où ce mélange du paternalisme politique et violence « bien gérée » remplace à n’importe quelle préoccupation idéologique ou théorique.

En tout état de cause, ça ne veut pas dire non plus que la préoccupation sociale n’existe pas en eux. Pas du tout. C’est un autre « monde politique » ; ce sont d’autres « pratiques politiques » dont on parle. C’est le terrain des « hommes d’action » et du « terroir » ; ces hommes qui, à sa façon, ont laissé une trace dans la politique provinciale et nationale. Il faut insister sur ce que le socialiste Víctor García Costa appela, pour tracer le portrait d’Herminio, une politique avec des codes, une politique de parole, où celle-ci était quelque chose de sérieux[1]. En définitive, une façon de se débrouiller en politique qu’on la trouvait aussi chez Barceló. Et même si l’un et l’autre n’échappaient pas à cette traditionnelle politique des arrangements de coupoles, ça n’empêchait pas que cette parole ait été leur meilleur atout dans leurs vies politiques.

[1] “Herminio Iglesias-RIP” (en línea), http://www.reconstruccion2005.com.ar/phprinthr.php (Página Web consultada el 30/06/2012), p. 2.

 

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Ensayo histórico. Avellaneda: La sombra del último “caudillo” (V de VI)

Essai historique

Avellaneda : L’ombre du dernier « caudillo » (V de VI)

Damián Antúnez Harboure

Herminio Iglesias. Fuente: www.taringa.net

Le lendemain : le long chemin du purgatoire 

C’est curieux chez les politiciens les cas de ceux qui partent au « purgatoire » sans avoir traversé la barrière de la mort, au moins de la mort physique. Il faut le dire, ça fut la situation politique d’Herminio dès le lendemain de la défaite électoral du 30 octobre 1983. Il est vrai que pendant les deux premières années de la nouvelle démocratie Herminio conservait encore son siège dans un peronismo divisé de fait ou de droit comme secrétaire général au niveau national entre 1984 et 1985, mais il s’agissait des dernières positions d’une carrière en plein déclin. Ni la impuissance des rénovateurs du « Congrès de Río Hondo » pour écarter les orthodoxes de la conduction du parti ni le soutien du suivant conclave de « Santa Rosa (La Pampa) » -tout les deux pendant 1985- arrivèrent à empêcher sa sortie des « ligues majeures » de la politique nationale et même du peronisme tout court.

On peut dire que les élections législatives du 3 novembre 1985 confirmèrent la défaite définitive d’Herminio au sein d’une candidature nationale du justicialismo ; à ce moment-là, d’une des deux branches se présentant aux urnes, celle du « Frente Justicialista de Liberación (FREJULI) ». Dans la province de Buenos Aires la liste de députés avec Herminio en tête obtient le 9,80% des voix contre le 26,98% de son opposant interne Antonio Cafiero se présentant sous les sigles « Frente Renovador Justicia, Democracia y Participación (FREJUDEPA) ». En d’autre termes et bien que l’UCR remporte l’élection avec le 41,46% des voix, pour les peronistas la valeur de cette rencontre avec les urnes ne fut que une dispute interne à tout ou rien. Et ce résultat n’aurait que confirmer la disparition presque totale du secteur d’Herminio -de plus en plus réduit- aussi bien du peronismo provincial que national. Puis, dès qu’il décida soutenir avec Manuel de Anchorena et Manuel Lázaro Rocca une liste au-dehors du Parti Justicialista répondant à Antonio Cafiero pour les élections du 6 septembre 1987, il fut puni avec l’expulsion par le tribunal de discipline partisan et n’y retournera jamais.[1]

Une fois achevée son mandat de député national en 1989, un poste qui paressait l’ennuyer, la décennie « menemiste » le rencontrera comme édile d’Avellaneda. Cela a eu lieu après s’être présenté aux élections de 1991 et 1995 par le biais d’un groupe politique locale. Il s’agissait de la retraite politique de celui qui avait su être un leader politique issu de cette Avellaneda syndicaliste des années soixante en prenant le siège laissé libre par Don Alberto Barceló aux premières années quarante. Comme celui-ci, Herminio verra passer ses dernières années entre des problèmes de santé -dans son cas, des problèmes cardiaques- et l’abandonne et l’indifférence de ses anciens camarades. Tel que Don Alberto, Herminio voyait comment s’approchait la fin de ses jours sans bien comprendre le « pourquoi » de cette situation d’ostracisme politique à laquelle il avait dû s’adapter.

Pendant les dernières années les interviews et les présentations publiques deviennent rares ; pourtant, il n’y en a pas eu une où il n’a pas pu éviter de répondre autant sur ses phrases polémiques que, bien entendu, sur la question du célèbre cercueil. Au fond, aussi bien que Don Alberto n’avait jamais pu comprendre pourquoi lui avait été interdit son accès à la tête du gouvernement provincial en mars 1940, Herminio n’acceptait point le rôle que, apparemment, l’histoire lui avait réservé à partir de la susdite brûlure du cercueil ; le signifiant par excellence de la défaite, pas seulement provinciale, mais surtout nationale d’octobre 1983. Si quelques jours auparavant de cet acte de fermeture de campagne, malgré les enquêtes d’opinion, tout semblait fonctionner à la perfection, compte tenu sa condition de leader populaire d’une orthodoxie peronista qui avait su être imbattable dans la banlieue de Buenos Aires moyennant une campagne qui au rythme de ce « jingle » à succès rappelant ses conditions de « justicialista y trabajador » enchantait les masses : pourquoi cette défaite écrasante ? Et plus encore, pourquoi le processus politique de l’époque l’avait choisi comme le signifiant d’un passé irréversible ? Herminio n’arriva jamais à trouver une explication vraiment convaincante. En tout cas, il à peine esquissa certains soupçons:

“Yo no, no, no fui ahí, bueno, a mi me querían hacer perder… yo no fumo. Yo me di vuelta y unos cuantos compañeros… mirá empezaron a izar… Aparecieron por todos lados encendedores. Fue todo preparado. Pero que el cajón no llegó, el cajón estaba por abajo y la coronita estaba arriba. Y se quemó la corona.”[2]

Ce n’était pas la première fois que dans un acte peronista on brûlait un cercueil contenant les sigles de certain ennemi politique, c’est vrai ; mais en octobre 1983 dans l’avenue 9 Juillet ça n’était pas possible. Il n’y en a aucun doute. Ç’avait été la fin, la fin de sa carrière politique, mais pas d’une « façon d’agir en politique » tel qu’on le croyait. On verrait de tout et partout en ce domaine.

Même si la mort apporte quelque chose de piété ou de purification aux êtres humains, on a pu observer aussi bien dans le cas de Don Alberto que dans celui d’Herminio au déclin de leurs vies une sincère reconnaissance de la part de ses opposants politiques ou de ses critiques historiques. Une preuve de cela on la trouve à la mort de Don Alberto quand son opposant interne, le « morenista » Dr. Vicente Solano Lima, prononçait les mots suivants : « La sombra del último caudillo ha velado con su tristeza el sol de Avellaneda… »[3]. Or, on ne peut pas parler du « dernier caudillo ». Avellaneda sut donner un autre, d’une autre époque et d’autres manières ; peronista et syndicaliste pour souligner les deux mots qui caractérisaient notamment la personnalité politique d’Herminio Iglesias. Ainsi, lorsqu’il succombait avec 77 ans le 16 février 2007 à une affection cardiaque qu’il traînait depuis longtemps, un des ses critiques politiques, tel que le socialiste Víctor García Costa, faisait référence à la figure d’Herminio en soulignant ce qui était même indissociable de ce politique peronista d’Avellaneda :

“Era un hombre de acción, de lo que tenía diversas huellas en su cuerpo, producidas por tajeadas y balazos. Lo traté en muchas reuniones políticas y me encontré con él varias veces en un local de la calle México donde solía jugar al billar y si bien es cierto que se lo ha criticado con dureza, debo decir que fue un dirigente con códigos y que su palabra tenía más valor de compromiso que el de muchos dirigentes políticos que he conocido.”[4]

Peut-être, faudra-t-il retenir cette caractérisation pour se rendre compte qu’en Herminio habitait non seulement une politique de force, de noir ou blanc ou de pistolets si vous voulez, mais aussi une procédure politique loyale, de parole… Il faudrait y penser.

 

Référence : La photo de Herminio a été enlevée du site Web taringa.net http://www.taringa.net/posts/info/1510083/100-frases-de-politicos-argentinos.html le 23 février 2014.


[1] “Junta Electoral de la provincia de Buenos Aires” (en línea), http://www.juntaelectoral.gba.gov.ar/elechisto/resultados/ (Página Web consultada el 07/08/2012); Viau, Susana, “Murió Herminio, el del cajón” (en línea), op. cit.

[2] Vídeo “Especial a 25 años de la vuelta de la democracia”, Buenos Aires, 2008.

[3] La Opinión, Avellaneda, 15/11/1946, p.1.

[4] “Herminio Iglesias-RIP” (en línea), op. cit., p. 2.

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Ensayo histórico. Avellaneda: La sombra del último “caudillo” (IV de VI)

Essai historique

Avellaneda : L’ombre du dernier « caudillo » (IV de VI)

Damián Antúnez Harboure

Foto de Herminio Iglesias. Fuente blogsdelagente.com, 28/10/2008.

Foto de Herminio Iglesias. Fuente blogsdelagente.com, 28/10/2008.

 

Dictature, essor et chute

Herminio avait su se faufiler entre les trous des filets de la mort ce mercredi 12 septembre 1973. Aussi tout au long d’une période de presque trois ans à la tête de l’administration municipale découvre-t-on une maîtrise le permettant de s’adapter aux difficiles circonstances politique de l’époque. Heminio s’occupa autant du quotidien de sa fonction, c’est-à-dire, de la gestion des services municipaux, des travaux publics, des demandes ponctuelles des voisins, etc., que de la question politique à proprement parler. En ce domaine, il sut maintenir un juste équilibre, surtout à partir de 1975, entre le courrant « personnaliste » de la présidente Isabel Perón et le « non personnaliste » du gouverneur Calabró tout en conservant son orthodoxie peronista, propre d’un dirigeant issu de l’école de Vandor.

Une bonne partie des voisins d’Avellaneda, au-delà de leurs préférences politiques, reconnaissent la gestion d’Herminio à la tête de la Municipalité comme une administration aussi efficace que progressiste. En ce domaine, toujours qu’il a pu, Herminio a souligné qu’il fut félicité par les militaires lorsqu’ils constatèrent l’existence de 16 millions de dollars de résultat positif dans les comptes municipaux à la chute du gouvernement démocratique.[1]

Quoi qu’il en fût, la dictature issue du coup d’état de mars 1976 n’a pas non plus été condescendante à Avellaneda. L’épouse d’Herminio, Carmen Cadena, fut kidnappée par l’Armée et amenée au camp clandestin de détention appelé « le puits de Lomas » pendant quelques jours. Cette fois le châtiment des militaires fut dirigé contre son épouse contrairement aux années soixante quand les mains de la police atteignaient Herminio comme c’est le cas de cet épisode de la fin de cette décennie :

“Escapé por los techos; salté y caí sobre unas chapas de gallinero; medio hundido. Me quité el reloj, uno de oro con eslabones así de grandes, regalo de (José) Rucci. Preferí tirarlo. Me llevaron a la Brigada de Quilmes, donde estaba el comisario (Manuel) Polo, el que, de un patadón, había hecho abortar a una mujer. En una piecita, me dieron máquina. Preguntaban por cosas de acá; por alguna gente. Bajaban unos cables del techito y me daban. Varios días. Hasta que me pasaron a la comisaría. Nunca me pasó algo así. Nunca.”[2]

En peu de mots, la situation de la famille Iglesias pendant la dictature ne fut pas commode. À la détention de son épouse s’ajoutaient certains interrogatoires auprès des autorités policières, des enquêtes sur la gestion municipale et toute une sorte de difficultés qui leur empêchaient d’organiser la vie familière. À cette époque-là, sa condition de métallurgique n’était qu’un souvenir du passé si bien qu’il a dû entreprendre des activités commerciales. En tout état de cause, l’activité politique, quoique clandestine, continuait par d’autres moyens. Les réunions sécrètes, les contacts pour aider les camarades en situations difficiles se succédaient. En particulier, en 1979 Herminio jouera un rôle central lors de l’arrivée de la mission de Droits Humaines de l’Organisation d’États Américaines (OEA) en signant avec le vice président premier du MP Deolindo Felipe Bittel une plaidoirie sur la situation des prisonniers politiques en Argentine. Une attitude qui a été reconnue par tout le spectre politique tel qu’on peu le capter moyennant cette déclaration d’un dirigeant socialiste comme D. Victor García Costa :

“Fue un luchador muy valiente en la provincia de Buenos Aires durante la dictadura de Onganía. También recuerdo un episodio durante la dictadura instaurada en 1976. Nos habíamos reunido unos pocos en la Confitería del Molino para firmar un documento de escasas cuatro líneas reclamando por los desaparecidos, que yo debía llevar para la firma del doctor Balbín. Cuando estábamos en esa tarea llegó un dirigente político tucumano y nos dijo que por conversaciones que había tenido hacía pocas horas, la firma de ese documento podía traernos serios problemas personales por la reacción de la dictadura. Herminio, casi como una réplica a la advertencia, preguntó: ¿Dónde hay que firmar? Y estampó su firma.”[3]

La transition à la démocratie débutant après la défaite de la guerre de Malouines du 10 juin 1982 trouvait un peronismo sans une conduction claire et reconnue et fractionné en diverses lignes internes, dont les toutes puissantes 62 Organisations seraient celles qui allaient s’imposer. Il s’agissait donc d’un point de départ très favorable aux aspirations d’Herminio pour se mettre en tête du peronisme provincial. Outre sa condition de dirigent des 62, il faut reconnaître qu’Herminio venait de marcher la province pendant les dernières années de la dictature, ce qui lui avait donné une popularité palpable pour être le candidat à gouverneur de Buenos Aires.

Or, il n’était pas le seul candidat à la première magistrature de la province -il y en avait d’autres comme Lázaro Rocca, Alejandro Romero (ex ministre d’Éducation du gouverneur Calabró), René Orsi ou même un Antonio Cafiero qui cherchait se postuler une fois écartées ses chances pour la candidature présidentielle- mais, comme Barceló en 1939/40 personne ne serait vraiment en conditions d’empêcher sa postulation. Ainsi, tout était une question de temps et l’élection interne pour former le Conseil Provincial du 14 août 1983 lui donna la majorité des délégués entre protestations et dénonciations à la justice pour fraude.

Quoi qu’il en soit, cela lui facilita l’accès à la présidence du Conseil Provincial du Peronismo de la province de Buenos Aires. Alors, le Congrès du 25 août, aussi plein de dénonciations de fraude, surtout de la part du Mouvement d’Union, Solidarité et Organisation (MUSO) d’Antonio Cafiero, lui proclama candidat à gouverneur de la première province argentine avec le dirigeant de La Plata et ancien député national (1973-1976) D. José Carmelo Amerise comme vice gouverneur.[4]

Une fois candidat, l’histoire est bien connue. La campagne électorale en tant que telle dura à peine deux mois, mais cette période fut suffisante pour que ses opposants de l’UCR et presque tout le spectre des médias s’emparent de sa figure politique pour construire le signifiant d’une politique périmée. Autrement dit, non seulement la biographie politique d’Herminio contribuait à cette construction mais encore l’esthétique même de ses discours rappelant les années des affrontements « inter peronista » de 1973-76. Les anecdotes de ses discours, dont les extraits comme « conmigo o sinmigo » ou « on travaillera 24 heures sur 24 et même la nuit », passeraient à la gloire.

Or, le fait symbolique de brûler un cercueil contenant les sigles de l’UCR pendant l’acte de fermeture de campagne en plein obélisque le 28 octobre 1983 n’avait été que la fraise de la tarte de ce signifiant d’un passé qui non seulement était rejeté mais aussi serait associé directement, dès la nuit du 30 octobre, à la défaite de ce peronismo aux urnes ; une défaite se produisant pour la première fois dans un contexte d’élections libres dès la naissance du peronismo en 1945. Tout un symbole d’une épopée qui arrivait à condenser l’ensemble d’une défaite à multiples causes dans une seule personne étant en même temps son signifiant, Herminio Iglesias. En définitive, celui dont on parle, c’est celui qui avait obtenu le 39,73% des voix comme candidat à gouverneur contre le 51,98% du candidat vainqueur, le radical Dr. Alejandro Arméndariz et qui n’avait même pas remporté l’élection de son fief, Avellaneda. Le candidat peronista de sa ville natale, Jorge Luis Argento, avait récolté seulement 68.256 voix contre 91.343 voix du vainqueur Luis Raúl Sagol. En bref, une défaite sans palliatif.[5]

A suivre

 
 
Référence : La photo de Herminio a été enlevée du site Web blogsdelagente.com http://blogsdelagente.com/1983/2008/10/28/el-dia-herminio-iglesias-quemo-cajon/comment-page-1/ le 28 octobre 2008.

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[1] “Reportaje inédito: La última entrevista a Herminio Iglesias” (en línea) http://albertomoya.blogspot.com/2009/09/primicia-de-tapa-en-veintitres-ver.html (Página consultada el 30/06/2011) , p. 2.

[2] “Reportaje inédito: La última entrevista a Herminio Iglesias” (en línea) http://albertomoya.blogspot.com/2009/09/primicia-de-tapa-en-veintitres-ver.html (Página consultada el 30/06/2011), p. 1.

[3] “Herminio Iglesias-RIP” (en línea), http://www.reconstruccion2005.com.ar/phprinthr.php (Página Web consultada el 30/06/2012), p. 2.

[4] La Nación, 16/08/1983, p. 6; 28/08/1983, pp. 1 y 16.

[5] La Ciudad, Avellaneda, 28/10/1983, pp. 1-3; “Junta Electoral de la provincia de Buenos Aires” (en línea), http://www.juntaelectoral.gba.gov.ar/elechisto/resultados/ (Página Web consultada el 07/08/2012).

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Treinta años de democracia

Treinta años de democracia

Damián Antúnez Harboure

La incorporación de la Argentina a la política democrática allá por 1912 con la ley Sáenz Peña de sufragio universal masculino, secreto y obligatorio estuvo signada por los tropiezos para acabar en la desazón y el desencanto. El destacado historiador Tulio Halperín Donghi no se cansó de repetir que Argentina se incorporó mal a la política democrática en la segunda década del siglo XX. Desazón y desencanto son las notas que traducen ese sentimiento de no poder consolidar un sistema político basado en un Estado de derecho en el cual ningún actor de la vida social, sea éste político, económico o parte de alguna corporación, se enarbole con la facultad de decidir por el resto y sin el resto. Seis golpes de Estado a contar entre 1930 y 1976 junto a innumerables acechanzas desestabilizadoras de todo orden nos impulsan a celebrar en el día de la fecha estos treinta últimos años de vida democrática, inaugurados con las elecciones generales del 30 de octubre de 1983.

Aunque para el tango veinte años no sea “nada” y tal vez ni siquiera treinta cambien sustancialmente esta consideración, para la historia política de la Argentina contemporánea es, sin dudas, una nota más que relevante que merece toda nuestra atención. Sin ir más lejos, estos treinta años duplican la marca inmediata anterior que fueron aquellos catorce años que entretejieron las presidencias radicales entre 1916 y 1930. El resto, sin duda, va a la baja: un ciclo de once años entre 1932 y 1943 con “fraude patriótico” de por medio, el despertar de la ciudadanía social con los nueve años peronistas de 1946 a 1955, esta vez sin adulteración de la voluntad popular ni proscripciones partidarias para luego -fusilamientos mediante- dar paso a un péndulo cívico militar entre 1955 y 1973 con un peronismo excluido de la vida política nacional. Recién a partir del 11 de marzo de 1973 pareció asomar algo así como una “primavera democrática”, pero que raudamente devino otoño en un preludio de lo que sería ese trágico invierno de la dictadura militar de 1976 a 1983.

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Aquel invierno agonizó recién cuando la derrota en la Guerra de Malvinas diera por tierra con las últimas ilusiones dictatoriales de perpetuarse en el poder. Se percibían entonces no pocos signos de cambio de época; un poco llevados de la mano de los propios datos de una realidad que combinaba tragedia política, fracaso económico y desprestigio internacional y otro poco por pura voluntad, por puro deseo, por un anhelo de no dejar pasar esta vez la oportunidad perdida en 1973. Ahora sí, la democracia era un valor en sí mismo, sin necesidad de aditamentos; como dirían los franceses, el grito de la hora era una “démocratie tout-court” (una democracia a secas). No por nada ese preámbulo recitado por el candidato de la Unión Cívica Radical, Dr. Raúl Alfonsín, llegó al corazón de los argentinos, como también lo hizo aquel “con la democracia se como, se cura, se educa…”.

Desde luego, aquella apuesta por la conformación de un Estado de derecho y la construcción de una política democrática como prioridad sobre la cual pensar todo lo demás encuentra su explicación más convincente cuando tomamos conciencia de los orígenes. Porque resulta que veníamos de una tragedia; un drama que hirió gravemente a los argentinos, destruyendo el tejido social, poniendo en duda el valor de la ética pública y hasta aniquilando el aparato productivo del país. Treinta años después, es posible que resulte exagerada y hasta ingenua esa apuesta a secas por la democracia política sin condicionantes, como podría haber sido en el pasado el de la liberación nacional y social o en el presente el del desarrollo con equidad e inclusión social. Ocurre que el “volver a votar”, volver a respirar la libertad civil conjugada con la libertad política no era otra cosa que un objetivo en sí mismo que articulaba medio y fin.

También, en estos treinta años hemos podido curtirnos en nuevas desilusiones, en renovados desencantos. Las intentonas golpistas fueron superadas en los primeros años, aunque más se resintió la joven democracia con los operativos desestabilizadores de aquellos poderes fácticos que actuaron y actúan desde el capital concentrado. Tal vez un punto de inflexión en lo que pudiera evaluarse como lo que en cierto momento empezó a vivirse como una marcha hacia atrás, un cuesta abajo, aparece reflejado en el fin de año de 2001. Sin embargo, ese “verano trágico” parece haber actuado a su tiempo como un barajar y dar de nuevo en una siempre necesaria renovación democrática. Una reconciliación entre poder político y ciudadanía, ahora con ideas más maduras sobre la construcción de la política democrática, ya sin disociar Estado de derecho, desarrollo económico, justicia e inclusión social.

En cualquier caso, jamás debemos caer en triunfalismos bajando la guardia en la tarea de construir una verdadera democracia avanzada e inclusiva. Dicho de otro modo, cualquier inventario que se haga y por mucho que nos sintamos orgullosos de lo hecho, no nos debe dejar conformes. Se trata de un inconformismo positivo, en clave de impulso a emprender lo que la sociedad demanda, en corregir errores y en perfeccionar los mecanismos de un sistema que debe garantizar el poder decisorio de la ciudadanía. En definitiva, debiéramos hacer del mejoramiento de los mecanismos de la democracia un lugar de encuentro de la política argentina, no sin banderías… Debiéramos antes bien convertirlo en un lugar que sume todas las banderas, porque de eso se nutre la democracia. Cuando se bajan las banderas se deprime el juego político y sólo queda el de las corporaciones. Así las cosas, la conmemoración de estos treinta años de democracia debería, una vez más, impulsarnos a renovar nuestra democracia, persuadidos que la solidez de lo hecho depende estrechamente de lo que hagamos como sociedad hoy y mañana.

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Ensayo histórico. Avellaneda: la sombra del último caudillo (III/VI)

Essai historique

Avellaneda : L’ombre du dernier « caudillo » (III de VI)

Damián Antúnez Harboure

 

1973, Herminio asume la intendencia. Fuente: http://anuarioslaciudadavellaneda.blogspot.com.ar/2009/08/ano-1973_13.html (consultada 29/10/2013)

1973: Herminio asume la intendencia. Fuente: Anuarios de la ciudad de Avellaneda

Herminio maire d’Avellaneda

Les voyages à Madrid faisant partie de la délégation des 62 Organisations continuaient pendant qu’Herminio voyait de plus en plus comment le domaine politique d’Avellaneda commençait à lui appartenir. En effet, l’ouverture politique de 1971 marquant une transition démocratique pour arriver aux élections de mars 1973 trouva Herminio comme le candidat dit « naturel » à la mairie de sa ville natale. Mais tout cela ne serait pas si facile comme il n’en pense pas moins.

La dispute autour des candidatures vers la fin de 1972 montrerait la vraie dimension de la lutte politique à l’intérieur du peronismo. En fait, pendant cette année-là, Herminio participa à deux épisodes de tirs de balles. Au début de l’année, Herminio s’entremettait au milieu d’une dispute avec des membres d’une organisation peronista locale qui questionnait son appui à la gestion municipale du maire d’Avellaneda José Luis Otero (1971-1973). D’après son témoignage, il avait dû défendre le maire Otero en tirant pour lui protéger des agresseurs, même s’il n’a jamais expliqué le motif :

Otero era macanudo. Pero le quisieron pegar a los muchachos y me puse en el medio. Entonces, me dieron un tiro de nada. Yo también les tiré algo, no te vas a pensar…[1]

Mais l’événement le plus renommé de 1972 comptant sur Herminio comme un des principaux protagonistes a sans doute été celui du Congrès d’Avellaneda du 16 décembre. À ce moment-là, Herminio était déjà candidat à maire de sa ville et la veille on avait consacré la formule présidentielle du FREJULI Cámpora-Lima ; il fallait seulement voter les liste de candidats de la province de Buenos Aires, dont la candidature de gouverneur et vice gouverneur.

Ce faisant, l’intention de la conduction nationale du MP par rapport au Congrès d’Avellaneda était déjà claire. Il s’agissait d’empêcher la nomination de la formule soutenue par la majorité des délégués d’une assemblée contrôlée par les groupes véhiculés par les 62 Organisations et le Mouvement Fédéral répondant au riche propriétaire des champs Dr. Manuel de Anchorena, qui était lustement leur pré-candidat á gouverneur. Voici donc la tension créée ce jour-là dès l’arrivée du secrétaire général du MP Juan Manuel Abal Medina au salon du siège de l’UOM d’Avellaneda. Ensuite, une fois qu’Abal Medina demandait au nom du général Perón l’acceptation de la candidature Bidegain-Orsi pour les postes de gouverneur et vice gouverneur, les cris et les voix de protestations ne faisaient pas de doutes. Abal Medina pensait seulement à ce qu’il fallait faire pour s’en sortir au fur et à mesure que le climat se chargeait. C’est ainsi qu’il arriva de justesse à s’en sortir, mais une fois sur le trottoir les cris, les coups de pied et les bousculades devinrent des grands heurts et même s’il put par hasard s’échapper, ses collaborateurs durent subir une persécution en voiture de la part de leurs opposants à pleins tirs par les rues d’Avellaneda comme s’il s’agissait d’un film de gangsters de Chicago des années trente.

Il faut reconnaître qu’Herminio ne cessa jamais de reconnaître sa participation comme persécuteur des représentants de la conduction nationale du MP auprès du Crongrès du 16 décembre 1972. L’épisode n’allant pas au delà du niveau de l’aventure « romanesque », Herminio raconta le fait ponctuel bien qu’il n’ait pas expliqué le motif du conflit dont il était question. Par ailleurs, non seulement Herminio paraissait échapper à la moindre définition politique, mais encore, quelques jours après les faits, il publiait une déclaration par laquelle il s’éloignait de la candidature Anchorena-Guerrero, soutenue par son groupe dans le susdit Congrès, tout en respectant la décision du secrétariat général du MP d’intervenir la filiale de la province de Buenos Aires et de soutenir la formule provinciale Bidegain-Calabró :

No me une nada políticamente al doctor Anchorena, ni a los grupos o corrientes de opinión que hayan podido apoyarlo o aún lo hagan, ni tampoco juzgar su equivocación en la grandeza de nuestro movimiento; mi gran sentimiento y espíritu de lucha está volcado hacia el Frente de Liberación justicialista creado por nuestro General Perón.[2]  

À vrai dire, Herminio ne faisait que nier une relation politique que personne du peronismo de la province de Buenos Aires de cette époque oserait de le faire. Il faut se souvenir que le principal soutien national du Dr. Anchorena était José Rucci, le secrétaire général de la CGT et grand ami personnel et politique d’Herminio. Par rapport à sa relation avec le leader de la CGT à cette époque José Ignacio Rucci, Herminio disait :

Yo estaba con Rucci siempre. No tenía mucha relación con Perón. Me decía “Hola Herminio, ¿cómo le va?”, un día del balcón de la CGT me llamó, fue un orgullo. Sólo me quería porque yo estaba con su hijo José (Rucci).[3]

D’ailleurs, on verra qu’en 1987 Manuel d’Anchorena avec Heminio Iglesias et Manuel Lázaro Rocca -président de la Camera des Députés provinciales entre 1973 et 1975- seraient limogés les trois du parti pour présenter une liste électorale alternative à l’officielle d’Antonio Cafiero, le chef du peronismo provincial à cette époque. En fin, ça, c’est une autre histoire d’autre Argentine, après la défaite électorale du peronismo en 1983. Si l’on revient à l’année 1973, il faudra souligner la victoire aux urnes d’Herminio au mois de mars lorsqu’il obtenait 98.450 voix contre 33.121 du candidat radical Victorio Daste.[4]

Le 25 mai 1973 Herminio Iglesias commençait sa tâche comme maire d’Avellaneda et ce jour-là en mettait en fonction son équipe de gouvernement comprenant un ex syndicaliste comme secrétaire de Gouvernement, Evaristo Rodríguez Rial, un médecin lié à la police comme secrétaire d’Action Sociale, Dr. Hugo Barrionuevo, un ex collaborateur de l’ex maire Otero comme secrétaire de Travaux Publiques, Maître Mayeur d’œuvres Norberto A. Mella et finalement comme secrétaire du Trésor Publique le Cdor.  Alberto Rodriguez, un professionnel renommé d’Avellaneda. Alors, qu’est-ce que nous dit cette équipe de gouvernement ? En premier lieu, on doit signaler qu’il s’agissait d’un groupe solide de collaborateurs d’un point de vue professionnel. En deuxième lieu que l’appartenance politique à l’intérieure du peronismo correspondait à une claire ligne orthodoxe.[5]

Du discours inaugural d’Herminio au sein du Conseil Municipal il faut extraire une phrase qui paraissait anticiper ce qui serait la situation politique générale des années à venir. Ainsi le nouveau maire d’Avellaneda affirmait que « la tâche à réaliser est des forts et pas des faibles »[6]. Peut-être, fallait-il la prendre dans son sens littéral, si l’on tient compte que dès le début de la gestion les conflits et les affrontements, quelques fois avec des déploiements de violence armée, seront un dénominateur commun de ces années.

Au début du mois de juin une fusillade précéda une des premières séances du Conseil Municipal et l’Hôpital Fiorito fut intervenu par la mairie non sans une prise de contrôle du siège aux mains de présumés partisans du maire Iglesias faisant l’objet des titres des journaux régionaux dû au scandale suscité. Par ailleurs, il y a eu des soupçons d’une collaboration des maires d’Avellaneda, de Quilmes, José Rivela et  même d’Esteban Echeverría, Oscar Blanco, avec les éléments -y compris des mercenaires français liés à l’Organisation de l’Armée Secrète (issue de la guerre d’Algérie)- perpétrant la dénommée « massacre d’Ezeiza » du 20 juin 1973. Bien qu’Herminio le nie en prétextant avoir été hospitalisé suite à une attaque par balles à la sortie d’une maison de deuil, la reconstruction temporelle des faits montrent la lacune dont il est victime par rapport à ces faits. La fusillade dont il parle a eu lieu le 12 septembre 1973, presque trois mois plus tarde du massacre d’Ezeiza.[7]

A suivre


[1] “Reportaje inédito: La última entrevista a Herminio Iglesias” (en línea), http://albertomoya.blogspot.com/2009/09/primicia-de-tapa-en-veintitres-ver.html (Página consultada el 30/06/2011), p. 2.

[2] La Ciudad, Avellaneda, 12/01/1973, p. 1.

[3] “Herminio Iglesias. Justicialista y Trabajador” (en línea), en: Fundación Joven 2000…, p. 3.

[4] El Día, La Plata, 26/03/1973, p. 6.

[5] La Ciudad, Avellaneda, 29/05/1973, p. 1.

[6] La Ciudad, Avellaneda, 28/05/1973, p. 1.

[7] La Ciudad, Avellaneda, 18/06/1973, p. 1. ; 19/06/1973, p. 1; 13/09/1973, p. 1; Verbitsky, Horacio, Ezeiza, Buenos Aires, Contrapunto, 1985, passim; “Reportaje inédito: La última entrevista a Herminio Iglesias” (en línea), p. 2.

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