La ciudad de Río Cuarto es la segunda ciudad de la provincia, con 170.000 habitantes y una fuerte actividad agropecuaria, la de mayor producción de soja y de maíz de todo el país. Es gobernada desde 1983 por radicales y peronistas que se alternan en el poder para sostener una ciudad al servicio de quienes se enriquecen con la producción agropecuaria mientras los trabajadores soportan altas tasas de desocupación y precarización laboral.

La pérdida de puestos de trabajos, cierres de fábricas y una decreciente actividad industrial liquida la posibilidad de una vida digna para amplios sectores de la sociedad, en particular para la juventud, que se ve obligada a soportar trabajos precarios, bajos salarios y una acuciante falta de vivienda mientras los alquileres de la mano de inescrupulosos negocios inmobiliarios no paran de crecer.

A este panorama hay que sumarle el brutal endeudamiento en dólares que llevo adelante el actual intendente peronista Llamosas. La deuda de la ciudad asciende a 11.170.762,50 dólares (681 millones de pesos) que buscan ser pagados a costa de impuestazos y ajustes con el único objetivo de financiar los negociados con las empresas que se llevan la plata y no garantizan calidad en los servicios como Cotreco en la recolección de residuos, o la monopólica empresa de colectivos SAT, que con el aval del Concejo Deliberante cobra un boleto carísimo por un pésimo servicio e inadecuado a las necesidades de aquellos que dependen especialmente del transporte público. Estas políticas del endeudamiento permanente tienen como contracara el ajuste también permanente al pueblo trabajador, como lo demuestra el cada vez más lacerante déficit habitacional al que el gobierno municipal de Llamosas hace frente a golpe de topadoras, violencia y vulneración sistemática de derechos.

En la Ciudad, también existe una fuerza política de “centroizquierda” llamada Respeto, quienes en estas elecciones se presentan divididos en dos listas tras graves denuncias contra su principal dirigente, Pablo Carrizo. Hoy, ambas fracciones representan una organización sin programa político, que, con un tibio discurso de centro izquierda elude hablar de la falta de trabajo, derechos y servicios ofreciendo acciones colectivas propias que liberan a los gobiernos de sus obligaciones antes que favorecer la más mínima salida emancipatoria.

La importancia de la unidad de la Izquierda

Desde Izquierda Socialista impulsamos la necesidad de presentar listas unitarias de la izquierda. No obstante, y a pesar de reconocer estos desafíos, el MST se retiró de la alianza que semanas atrás habíamos presentado como FIT-Unidad alegando que su único espacio en las listas de izquierda debían ser los primeros lugares. Finalmente, el MST no presentó lista propia, por lo que lo llamamos a votar activamente la lista del Frente de Izquierda.

La unidad de la izquierda es para fortalecer las luchas contra los negociados y el endeudamiento, por el derecho a la vivienda digna, por la salud del pueblo trabajador y en defensa de los derechos humanos, el ambiente, las mujeres y la juventud. Por eso impulsamos la inmediata suspensión de los pagos de la deuda pública para resolver los urgentes problemas de quiénes ya no queremos pagar la crisis que provocaron radicales y peronistas que, desde hace 30 años, gobiernan para los ricos, los grandes empresarios como Cotreco y el FMI a costa de la enorme precarización laboral, la falta de vivienda y servicios públicos a los proponemos municipalizar bajo gestión de los trabajadores y el pueblo.

Fuente: Izquierda Socialista, Córdoba, 19/2/2020, enlace Web: http://izquierdasocialista.org.ar/2020/index.php/blog/elsocialista/item/16453-rio-cuarto-cordoba-se-presento-el-frente-de-izquierda

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Y el pueblo se hizo Lula

Y el pueblo se hizo Lula*

Comencemos por este provisorio final. Lula es ya la foto anhelada por sus verdugos, los poderosos de Brasil y de allende las fronteras, aunque no sea más que un goce tan neurótico como efímero; en definitiva, una foto que acaba siendo una imagen no nata, desvanecida en el aire. Pero eso sí, en un aire cargado de ideas, como él mismo se encargó de explicar en su última interlocución. Es que Lula, como se dice en la calle, es mucho Lula:  “Yo no soy un ser humano más. Yo soy una idea… Mis ideas ya están en el aire y nadie las podrá encerrar. Ahora vosotros sois millones de lulas”.

Millones de lulas que entonan una proclama revolucionaria y que, paradójicamente, es desoída por quienes han decidido vengar la afrenta cometida por el ex presidente durante sus mandatos 2003-2011: “Vamos a crear las condiciones para que todas las personas en nuestro país puedan comer decentemente tres veces al día, todos los días, sin necesidad de donaciones de nadie. Brasil ya no puede continuar conviviendo con tanta desigualdad. Necesitamos vencer al hambre, la miseria y la exclusión social. Nuestra guerra no es para matar a nadie: es para salvar vidas”[1]. Y así lo hizo. Cómo bien lo ha destacado nuestro Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, sólo los programas Hambre Cero y Bolsa de Familia lograron sacar de la pobreza extrema a más de 30 millones de personas, convirtiendo al país vecino en un modelo a seguir, hecho además reconocido por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la FAO e, inclusive, por el Banco Mundial.

Una osadía que supuso una apuesta frontal por la libertad de la justicia social, es decir, no la libertad de los liberales (libertad de circulación, de consumo de opinión, libertad de mercado, etc.), sino de lo que en términos foucaultianos denominamos la libertad de-sujeción. En otras palabras, aquella libertad que rompe las cadenas de sujeción, de opresión pero que como contrapartida desató las iras de los sectores dominantes, quienes vieron en aquella liberación la disminución de sus tasas de ganancias. Tal es lo que sucedió y tal es el cargo inventado, dibujado, falsificado, que un conjunto de sicarios investidos de la legalidad de un “golpe blando” hoy están llevando a cabo un castigo ejemplificador por haber dado voz a los sin voz, por haber concedido poder a los desposeídos… Esos nadies que hoy se han empoderado, que vienen siguiendo a Lula en sus caravanas por todo el país, que no olvidan, que no claudican…; muchos de ellos también lo acompañaron en el sindicato metalúrgico en los ’60 y lo arroparon en los ’80 cuando llevó adelante la mayor huelga obrera contra la dictadura militar, motivo por el que fue preso. Esos y sus hijos y los hijos de sus hijos vienen haciéndose pueblo, haciéndose Lula desde hace mucho tiempo y están decididos a no callar, a no arrodillarse, a resistir. Será por eso que todavía y pese a todos los escollos interpuestos en su camino, el pueblo brasileño está en marcha y sus sueños siguen en pie.

Lula plantó su manzano y sus semillas hace tiempo que se han esparcido por toda América Latina. Lula no sólo es de Brasil, ni del pueblo brasileño. Lula es, como él mismo lo dijera, “un constructor de sueños”. El sueño de un país con justicia social, donde millones de pobres pudiesen tener oportunidades, incorporarse con dignidad y derechos garantizados al mercado de trabajo, ir a la universidad, tener acceso a la salud pública; nada menos y nunca menos… Y ese y no otro es el motivo de la condena. Soñemos entonces y revolucionemos los sueños porque “la muerte de un combatiente no para la revolución”.

*Autores: Damián Antúnez, profesor UNRC y Lorena Rojas, Foro por la Libertad y la Democracia-Río Cuarto

[1] Luiz Inácio Lula Da Silva, discurso de investidura, 1/1/2003.

Publicado en: Weblog de FCH-UNRC: http://www.hum.unrc.edu.ar/y-el-pueblo-se-hizo-lula/

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“Con sus declaraciones el gobierno castiga a la educación pública”

“Con sus declaraciones el gobierno castiga a la educación pública”, Primero Noticias Río Cuarto, Río Cuarto, 22/3/2017

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17 de Agosto

17 DE AGOSTO(*)

Damián Antúnez Harboure

Unidad nacional e identidad colectiva. Ideario político y lectura socio-histórica. Se miran y se reconocen como en un espejo. El Gral. José de San Martín se erige en ese significante que se vuelve significado en dichas expresiones. Un significado que hunde sus raíces en valores que se han convertido en señas de identidad de la historia argentina y latinoamericana: emancipación y libertad. En otras palabras, ese ideario emancipador que conecta a San Martín con Bolívar en clave panamericana y que aún hoy reclama aquel viejo anhelo de la Patria Grande.

Ha corrido tinta enSan-Martin aras de intentar dilucidar aquel punto y seguido para algunos o punto y aparte para otros de la campaña libertadora en Guayaquil, aquel 26 de julio de 1822. Pero aún así, a despecho de los historiadores que han abordado el tema, el misterio que supo apoderarse del encuentro de Guayaquil se pierde de vista en el horizonte de la historia o, al menos, de la historia de los argentinos cuando la figura del libertador Gral. José de San Martín deviene prócer o, más aún, padre de la patria y custodio del principio de unidad nacional.

Ahora bien, observemos someramente ese proceso -extrayendo algunos elementos aportados por la historiadora Aurora Ravina[1]– por el cual el general San Martín se incorpora al calendario patrio. Ciertamente, estamos frente a un desarrollo histórico que nos coloca en la línea de largada de una serie de procesos constitutivos de la Argentina moderna. Cualquier delimitación temporal comporta siempre alguna cuota de arbitrariedad, aunque en este caso el riesgo resulta más que asumible si adoptamos el año del centenario del nacimiento del libertador -1878- como plataforma base a partir de la cual van a ir incorporándose toda una serie de elementos que darán forma a la figura del padre de la patria.

Lo cierto es que con motivo del centenario de su natalicio, hacia el final del gobierno de Nicolás Avellaneda, el Estado argentino inauguraba la primera estatua a San Martín en una ciudad de Buenos Aires que aún no era capital de la Nación. El predio elegido fue el de una antigua plaza de toros que supo llamarse a un tiempo Campo de la Gloria -en memoria de la resistencia a los invasores ingleses- y a otro, posiblemente con cierta reminiscencia tal vez romana, tal vez francesa, Campo de Marte. Nos referimos a la actual Plaza San Martín del barrio porteño de Retiro.

A la vuelta de la esquina de aquel 1878 arribamos a otro acto por demás significativo: en 1880, una vez resuelto el problema de la federalización de la ciudad de Buenos Aires, se repatriaron desde Francia los restos mortales de San Martín para reposar definitivamente en la Catedral metropolitana. El libertador entraba entonces, con todos los honores, en el panteón nacional. De todos modos, aún no había sido narrada la epopeya sanmartiniana; una tarea que, algunos años más tarde, se verá consagrada con la Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana del ex presidente Gral. Bartolomé Mitre.

Podemos afirmar que aquellos hitos en la construcción de la conmemoración sanmartiniana irían modelando el mito de los orígenes propio de cualquier nación que se precie de tal. Sin embargo, este proceso no sería unívoco. Nuestra historia patria -y con ella San Martín- debía reposar sobre una base necesariamente literaria que, a modo de terciopelo, enmarcara la composición. Se me ocurre que la rehabilitación del Martín Fierro encarada por Lugones en sus conferencias de 1913 sobre la identidad nacional vino a llenar ese faltante. Por su parte, el revisionismo rosista de la década del ’30 iba a subrayar la donación que hiciera San Martín de su sable corvo al gobernador bonaerense Juan Manuel de Rosas en una nueva lectura histórica de la que el libertador no podía estar ausente. Por cierto, la década del treinta, aún en su estereotipo de década infame, iba a ver erigido el 17 de agosto en fiesta nacional por iniciativa del gobierno del presidente Justo en 1933. Digámoslo: nadie, ningún argentino, ninguna lectura de nuestra historia podía prescindir del padre de la patria.

Pero nada se compara en materia de exaltación sanmartiniana a 1950: “Año del Libertador José de San Martín”, cuando el gobierno constitucional del Gral. Juan Domingo Perón dispuso todo un programa conmemorativo del centenario de su muerte. Entonces, la figura de San Martín crecía en el seno de la Argentina peronista; allí donde el máximo referente militar de nuestra emancipación política se miraba ahora en quien proclamara la era de la justicia social, la independencia económica y la soberanía política. No obstante, ni siquiera las profundas tensiones políticas que crispaban las relaciones entre gobierno y oposición al calor de ese vertiginoso cambio redistributivo que permitió la integración socio-política de los trabajadores argentinos podía comprometer la bandera de la unidad nacional encarnada en San Martín. Aún en el fervor de la discusión parlamentaria sobre la cuestión del desacato a la figura presidencial, el diputado oficialista Visca admitía que sobre el presidente podían caber opiniones diversas pero, eso sí, esta diversidad cesaba cuando entraba en escena el Libertador San Martín, de quien, en su opinión, sólo podía pensarse “de una sola manera”.

En suma, aún cuando la epopeya sanmartiniana pudiera verse más o menos asociada con proyectos políticos en sucesivos presentes, podemos decir que lo fundamental del mito, en tanto bandera de unidad nacional, pervive en nuestros días. Convengamos también que el significado emancipador encarnado en el Gral. San Martín recobra renovada actualidad: estamos frente una conmemoración que da cuenta de un nuevo espacio de encuentro para la unidad de una patria que no transige en su afán emancipador.

[1] Ravina, Aurora, “¿Cumple la Argentina de hoy con el legado histórico del Libertador? La dignidad como obligación”, Página 12, 17/8/2000.
Imagen del Gral. San Martín extraída de la Página Web de la Embajada de Argentina en Paraguay.
(*)El presente artículo apareció publicado en la Web de la Facultad de Ciencias Humanas de la UNRC el 17-8-2014.
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No serás rey, Felipe

He aquí un poderoso argumentario en pos de ese sentir que tantos compartimos en palabras del politólogo Juan Carlos Monedero: el de una Tercera República española.

Príncipe de Asturias“El loco, decía Lacán, no es el desequilibrado mental que se cree rey, sino el rey que se cree rey. Ser rey en 2013 es como usar un calcetín para no preñar, creer que la luz eléctrica la enciende el diablo o darse con un látigo de cinco puntas en la espalda para que los pecados se blanqueen. Por eso las coronaciones o los matrimonios reales necesitan ser tan efectistas: tienen que compensar con oropel y maneras antiguas lo increíble del asunto. ¿Te acuerdas, Felipe, de tu boda y todo aquel gasto descomunal? Los reyes, además, tienen que llenar de brumas su pasado, para que no aparezca un puñal, un veneno, una traición, un matrimonio de conveniencia, un soborno, una matazón de campesinos. ¿Quién fue el primero de la saga? Reyes, dinastías, príncipes herederos, argumentos legitimistas… Pudo ser o no. Los borbones son un accidente. Viendo la historia, un desafortunado accidente. No es que los Habsburgo, vulgo Austrias, fueran mejores. Ni mucho menos. Pero los de la flor de lis, quizá por la cercanía, vienen frenando lo inteligente en la historia reciente desde, cuando menos, la Revolución Francesa. De Fernando VII, ni hablamos.

No queremos que seas rey, Felipe. Ya no son tiempos. Tu bisabuelo entendió que este pueblo ya no lo quería. Se marchó. Si se hubiera quedado, lo hubieran encarcelado. Pese a los intentos de la derecha de exonerarle de toda culpa. Tu padre, tú mismo, soy millonarios gracias al dinero heredado. (Lo de tu hermana se está discutiendo en sede judicial). Por decirlo amable. No heredáis solamente el derecho de convertirnos en súbditos. Siempre heredáis mucho dinero. Y luego lo sabéis mover muy bien. Por decirlo amable. Los republicanos somos amables. Sabemos que el futuro, de no mediar un apocalipsis nuclear, será republicano. Si hay catástrofe, habrá reyes. Otra razón para no quereros reinando. Nos da mal fario.

A tu padre lo nombró un dictador. Franco. A ti te nombró tu padre. Juan Carlos de Borbón. Siguiendo vuestras normas, le correspondía, por edad, a tu hermana Elena. No la dejasteis. Luego os molesta que el pueblo haga diferencias entre las personas listas y las personas tontas. Aunque viendo el comportamiento de la lista, más nos valdría que no lo fuera tanto. No hay momento en el que hayáis reinado en el que la inteligencia no os haya repudiado. Tantos siglos y no habéis dejado ni siquiera un buen libro escrito por alguno de vosotros, una sinfonía, un cuadro, una patente. A ti te pusieron en una ocasión a presentar una serie sobre la naturaleza. Tu padre ya se había bajado a unos cuantos elefantes, osos y demás animales con ojos lo suficientemente grandes como para estremecerte cuando les disparas. Bien lo sabías, pero te pusiste a darnos lecciones de respeto a la naturaleza. Siempre nos dais lecciones de lo que no hacéis. Como cuando tu padre nos habla el 24 de diciembre de la familia cristiana. De Corina, ni hablamos.

Como la iglesia, decís una cosa y hacéis otra. Hasta ecologista te han presentado. ¿Cuánta gente de la familia real está vinculada a consejos de administración de empresas altamente contaminantes? No podemos quereros. Es la voluntad de un pueblo. Necesitamos la República. La República en España es algo más que una forma de gobierno. Siempre lo hemos vinculado a un cambio de régimen lleno de simbolismo emancipador. En la historia de nuestro país, en ese mito de las dos Españas, invariablemente habéis estado en la misma. Una pequeñita donde siempre estaban también el grueso de los militares y los sacerdotes gruesos (es decir, todos), financiados por banqueros y por Santas Alianzas internacionales. También, claro, por ese pueblo abducido para vuestra causa por tener el verdugo en sus cabezas. Claro que al final hay gente de vuestro lado. Nos habéis llevado a misa a ostias y a hostias. También haciéndonos creer que los ricos también lloran o que podemos vivir vicariamente a través de vuestros palacios y vuestras fiestas. Hace más daño Salsa Rosa, el Hola y el confesionario que el Mein Kampf.

No serás rey, Felipe. Cuando estudiaste en Canadá, te dieron el premio al mejor compañero. Podrían haberte dado el de física, el de matemáticas, el de historia o el de redacción. Pero tuviste que venirte con el de mejor compañero. No haberlo recibido. Nos gustaría que fuera os celebraran por inteligentes o por solidarios, no por vuestro glamour aristocrático. Sabemos que después de los asesinatos de Al Qaeda en Atocha -qué lástima, tu padre podía haber salido a decir que no había sido ETA, pero se quedó callado, dando por buena la mentira del gobierno de Aznar y del candidato, entonces, Rajoy-, digo, después de aquella barbarie, anulaste tu luna de miel. Pero no fue verdad. Nos enteramos después de que te habías ido, en secreto, de viaje. En un avión sólo para vosotros, tus amigos -donde no hay noticia de que haya ningún trabajador-, al Caribe. Nos enteramos porque hubo un incidente en un aeropuerto en Estados Unidos. Dijiste que anulabas el viaje en solidaridad con el dolor que teníamos por los casi 200 muertos. Pero no te dolía, porque te fuiste a la playa a celebrar. Como Ana Botella con las muchachas muertas en el Madrid Arena, de las que informaba entre viaje y viaje a un balneario en Portugal. Sois la misma España. Una que no queremos. Una que necesitamos superar.

Fuiste hace poco a Caracas, a las exequias de Chávez. Escuché que te abucheaban. Te fuiste pronto. Ni siquiera te quedaste a la toma de posesión del Presidente electo, Nicolás Maduro. No tenías tampoco nada que charlar con Evo Morales, con Rafael Correa, con Cristina Fernández, con Mel Zelaya o Fernando Lugo. Esa gente ya no está en esa lógica de las Cumbres que se inventó Felipe González para hacer negocios con sus amigos. Vaya vaya con la “madre patria”.

Es cierto que nunca pedisteis disculpas por el “por qué no te callas”, ese tuteo autoritario de tu padre contra un Presidente electo. Nunca se contó bien esa historia. En aquella Cumbre, Aznar, nada más bajarse del avión, insultó, al pie de la escalera, a Chávez -qué gran Presidente fue Aznar, el corresponsable de la masacre de Irak-. Después de escuchar las declaraciones de Aznar, Chávez, enfadado, recordó la participación de nuestro gobierno en el golpe de Estado en Venezuela en abril de 2002. En el cierre, Zapatero, sin corresponderle la palabra, intervino, de nuevo para defender a Aznar y reprender al Presidente venezolano. Ahí es donde Chávez protestó. Y ahí es donde tu padre, quizá con una digestión pesada, saltó con esas maneras tan borbónicas. Ya ni siquiera ayudáis a una buena relación con América Latina. Por esto, tampoco puedes ser rey, Felipe.No serás rey, Felipe.

Tenemos que crecer como ciudadanos. Asumir las consecuencias de nuestros propios actos. Necesitamos solventar nuestra relación entre los diferentes pueblos de España. Con un rey es imposible ese diálogo. Tenemos que sentarnos en igualdad de condiciones.Y necesitamos discutir también nuestra relación con esa iglesia que se mete en nuestras escuelas, en nuestras camas, en nuestras universidades y en nuestros laboratorios. Con un rey católico, apostólico y romano no es posible. Necesitamos frenar el papel de los lobbies, las intermediaciones empresariales, los patrocinios interesados que invitan a tantas oscuridades. Con reyes ricos y lobistas eso no es posible.. Sois un mal ejemplo para otro tipo de emprendedores. ¿Cuantos yates y vacaciones os han financiado empresarios con intereses confesados e inconfesables?

Tenemos que tomar las riendas de nuestro futuro en nuestras manos. En la crisis actual del modelo, una crisis que es integral, ninguna solución pasa por tutela alguna. Para eso necesitamos ser ciudadanos plenos. Con un rey, no es posible. El pueblo necesita decidir quién tiene que representar nuestra aventura común como sociedad y cómo articulamos nuestras relaciones. Asumir esa responsabilidad. Crecer. Seguramente tú, Felipe, vas a priorizar el mantenimiento de tu puesto de trabajo. Es tu principal interés. Te educaron para eso. Tu interés por un lado, el nuestro por otro. A ti te hacemos siempre falta nosotros. A nosotros no nos haces falta tú. Y porque nosotros somos el pueblo, no vas a ser rey, Felipe. Pero tranquilo: no depende de ti. Sabemos que esa tarea es exclusivamente nuestra. Estamos en ello.”

Fuente: Público.es, página consultada el 5/6/2014, enlace: www.publico.es/453652/no-seras-rey-felipe. La fotografía fue extraída de la página Web Terra.es
 

							
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Ensayo histórico. Avellaneda: la sombra del último “caudillo” (VI de VI)

Essai historique

Avellaneda : L’ombre du dernier « caudillo » (VI de VI)

Damián Antúnez Harboure

Une Rétrospective dans le parallélisme Barceló-Herminio : la même faute d’un coin à l’autre de l’histoire ?

Il y a des différences et des ressemblances notables entre les cas de Barceló et d’Herminio qui nous invitent à établir un parallélisme. En ce qui concernent les premières on peut énumérer quelques-unes d’entre elles bien évidentes. Barceló sut construire une figure politique de « caudillo » urbain mélangeant ce qui serait constitutif du nouveaux du paternalisme des dirigeants politiques des banlieues et ce composant traditionnel issu de l’ancien « patron » rural du XIXe siècle. Barceló habitait un « petit palais » face à la place Alsina et s’habillait avec recherche, y compris des redingotes, des jaquettes ou de fins costumes, selon l’occasion ; Herminio, habitait dans une maison sans glamour du quartier Piñeyro et s’habillait comme n’importe quel voisin d’Avellaneda. Barceló présumait de côtoyer la haute société de l’époque ; ça veut dire, de grands politiciens et des ministres avec leurs épouses et même le président Justo fréquentait ses soirées. Par contre, Herminio était fière de se présenter comme un disciple du syndicaliste Augusto Vandor -le « plus grand » après le général Perón, à son sens- et comme un grand ami de Beto Imbelloni, de José Rucci, de Miguelito Di Maio, etc. Bien sûr, rien à voir avec les habitués de chez Barceló tels que les docteurs Solá, Groppo, ou bien les messieurs Salas Chaves, Miguens, Molinari, etc…

Tout cela, c’est indiscutable… En revanche, il y a aussi un côté plus sombre chez Barceló lié aux figures de son frère « le manchot » Barceló, homme d’affaires en ce qui concerne le jeu et la prostitution à Avellaneda, le célèbre rufian Juan Ruggiero ou « Ruggerito », le commissaire Don Esteban Habiague, etc. Ça n’était pas tellement différent du monde de Rosendo, Imbelloni, Guerrero, etc. composant le tableau politique et social d’Herminio. Mais, si l’on peut rapprocher un monde de l’autre en cet aspect, c’est encore plus approprié faire référence aux ressemblances fonctionnelles de leurs contextes et leurs rôles politiques.

Aussi bien Barceló dans le monde du conservatisme de Buenos Aires des années trente qu’Herminio dans celui des décennies soixante et soixante-dix, chacun dans à son époque, jouent un rôle claire comme des pièces d’un engin de contrôle d’un certain « désordre ». En d’autres mots, les deux doivent gérer un certain désordre social et politique en mouvant certaines ficelles du pouvoir locale pour réussir. Voilà donc l’Avellaneda des années trente quarante et celle des années soixante soixante-dix. Les cas célèbres de l’assassinat de Ruggerito en 1933 ou de la fusillade de la Pizzeria la Real en 1966 en reviennent à l’instant.

En ce qui concerne les rôles fonctionnels à proprement parler des personnages en question, il faut dire aussi quelque chose. Le « Barceló » des années trente s’était érigé comme un pilier insubstituable de la « machine conservatrice » pour se maintenir au pouvoir, non seulement au niveau provincial mais aussi au niveau national. Alors, Barceló traversait deux générations de conservateurs -celle qui se remontait à la troupe du Dr. Marcelino Ugarte pendant les premières décennies du siècle et celle des années trente- si bien qu’il ne voyait point la nécessité d’opérer un changement modernisateur comme celui prôné par Moreno et Lima au début des années trente. De la même manière, Herminio avait traversait sa jeunesse au sein du premier peronismo et de la première résistance après 1955 pour s’emparer de son petit fief d’Avellaneda suite à l’arrivée de la démocratie en 1973, tandis qu’il ne comprenait ni le sens de ce qu’on appelait le changement générationnelle ni, moins encore, de ce qui proposait la Tendance Révolutionnaire par rapport au « socialisme national ».

Finalement, il nous reste signaler un dernier point de contact en matière de conception du rôle de la politique. Barceló ne concevait son parti Conservateur qu’en faisant partie d’un monde politique statique, éternel, où les conservateurs représentaient les héritiers naturels de cette Argentine à succès construite par leurs aïeux, que ses opposants radicaux s’appliquaient à nier. A son tour, le peronismo d’Herminio n’était qu’un mouvement profondément national et chrétien, ne présentant aucun lien avec ce « socialisme national » de la Tendance Révolutionnaire. Ainsi, il n’y avait pas besoin de lire Hernández Arregui, José María Rosa et moins encore ces théoriciens marxistes étrangers. Ainsi, on arrive à ce monde où ce mélange du paternalisme politique et violence « bien gérée » remplace à n’importe quelle préoccupation idéologique ou théorique.

En tout état de cause, ça ne veut pas dire non plus que la préoccupation sociale n’existe pas en eux. Pas du tout. C’est un autre « monde politique » ; ce sont d’autres « pratiques politiques » dont on parle. C’est le terrain des « hommes d’action » et du « terroir » ; ces hommes qui, à sa façon, ont laissé une trace dans la politique provinciale et nationale. Il faut insister sur ce que le socialiste Víctor García Costa appela, pour tracer le portrait d’Herminio, une politique avec des codes, une politique de parole, où celle-ci était quelque chose de sérieux[1]. En définitive, une façon de se débrouiller en politique qu’on la trouvait aussi chez Barceló. Et même si l’un et l’autre n’échappaient pas à cette traditionnelle politique des arrangements de coupoles, ça n’empêchait pas que cette parole ait été leur meilleur atout dans leurs vies politiques.

[1] “Herminio Iglesias-RIP” (en línea), http://www.reconstruccion2005.com.ar/phprinthr.php (Página Web consultada el 30/06/2012), p. 2.

 

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